27.9.20

Crónicas de Paul Morgan #14



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 8 de 10)

Historia: RH Herrera


VIII: Redada.


Luz de día. Al menos haremos esto durante la luz del día, pensé como consuelo, mientras observaba el muñeco que tenía en mis manos. Tenía un cuerpo hecho de paja envuelto en tela arpillera y su cabeza era de tela de lino negra. Asemejaba la forma de un ser humano, aunque tenía una pata más larga que la otra y había hecho los ojos con botones de distinto color. Tomé uno de los clavos que tenía ensartados, me sentí tentado a sacarlo, pero no lo hice. Veía en el muñeco el brillo del aura y sentía su energía. Guardé nuevamente el muñeco entre mis bolsillos.

Nos encontrábamos en mitad del bosque. Veía a mi compañera usar sus binoculares para observar entre la densa hierba de la casa de Anwar:


—Lavy —dije, mirando mi compañera—, en estos momentos nos serviría el equipamiento de The Wall.


—Paul —me respondió, sin dejar de mirar por los binoculares la base enemiga—, pasar un calibre 44 por el aeropuerto es relativamente fácil, un chaleco antibalas quizás, pero un exoesqueleto de combate son palabras mayores.


Respiró para bajar sus ansias del combate. Entre la hierba alta se acercó el oficial Fritz:


The tracking team has detected at least 14 armed guards, and drones have sighted people caged in the central courtyard. I must admit that their detail of the sand, although ridiculous, was real (El equipo de rastreo ha detectado al menos 14 guardias armados, y los drones han avistado personas enjauladas en el patio central. Debo reconocer que su detalle de la arena, aunque ridículo, era real).


—Espera un minuto —dijo mi compañera, sorprendida—. You have observation drones and had not told us? (¿Tienen drones de observación y no nos lo habían dicho?).


Most police forces have that kind of equipment, why should ours be the exception? (La mayoría de las fuerzas policiales tienen esa clase de equipamiento, ¿por qué la nuestra debería ser la excepción?).


You don't even have computers, at least I didn't see any (Ni siquiera tienen computadores, al menos no vi ninguno).


Not where you guys know. And if you're done prejudging my people, can we focus on the mission? (No donde  ustedes conocen. Y si has terminado de prejuzgar a mi gente, ¿podemos enfocarnos en la misión?).


Lavy volteó a ver, sorprendida. Su cara demostraba lo atónita que se encontraba.


—En los días que llevó acá —respondí—, aprendí a no creerme todo lo que sabía de este país.


Hawkeye introdujo su mano en el bolsillo interno de su chaqueta, y sacó de ella la caja de puros, ofreciéndole uno al oficial.


Think of it as my way of apologizing (Considérelo como mi forma de pedir disculpas).


El oficial lo tomó con premura, lo acercó su nariz y lo olfateó. Su rostro mostró una marcada expresión de placer al olerlo.


Miss, I'm surprised by your exotic taste in cigars (Señorita, me sorprende su exótico gusto en cuanto a puros).


What do you mean? (¿A qué se refiere?)


This type of tobacco used to be used by the shamans of the original tribes of this country, helped them to communicate with the Loa and other spirits. They are quite difficult to obtain, not to mention how expensive they are (Este tipo de tabaco solía ser utilizado por los chamanes de las tribus originarias de este país, les ayudaba a comunicarse con los Loa y otros espíritus. Son bastante difíciles de conseguir, por no mencionar lo caros que son).


Well (Bueno) —respondió ella, fingiendo saber todo el trasfondo—, I'm a sybarite (Soy una sibarita).


Joan Fritz había demostrado ser un hombre confiable, posiblemente el primer oficial al cual le hubiese confiado apoyarnos en este momento, cuando discutimos cómo operar nuevamente.

Fritz y su escuadrón harían el ataque frontal, utilizando su armamento y la orden judicial como justificación. Anwar obviamente intentaría huir. Mientras, Lavy y yo intentaríamos infiltrarnos por los costados, liberando a los rehenes y capturando a la mente criminal detrás de todo.

Parecía simple, pero nunca es tan simple. El oficial se retiró a su posición de combate, mientras Lavy siguió observando.


—¿Estás seguro de esto? De ser verdad, solo tendremos veinticinco minutos.


—Si, debemos hacerlo juntos.


—Ellos, parece ser buenos oficiales, estoy completamente segura que están dispuestos a dar su vida por entregarle seguridad a sus compatriotas.


—Sí, algo que no cualquier escuadrón de policía haría.


—Aún así, ¿crees que fue correcto haberlos involucrado?

—No creo que sea lo correcto, pero es lo necesario. No hay garantía de que nosotros tengamos éxito en esta misión. Necesitamos un respaldo, alguien que sea capaz de detener a Anwar antes que traiga a Kali a este plano. De no ser así, estaremos condenados.


—Espero que resulte… ¿Confías en Samedi?


—No, pero no tenemos muchas opciones.


Anoche, mientras Lavy se abalanzaba sobre el Barón Samedi, yo me concentré en un hechizo de restricción, sellando la entidad dentro de él mismo. Sabatte ya no podría usar magia, u moverse con libertad mientras estuviera bajo mi control.

Junto a mi compañera lo movimos durante la noche, alejándonos del bullicio del lugar, lo llevamos a la playa, a una zona más silenciosa:


—¿Qué haces Paul? Creí que éramos amigos.


—Es sólo por precaución, Sabatte. No quiero que salgas corriendo invocando no-muertos para atacarnos.


—Te dije que eso es un mito —volvió su vista a Lavy y luego me observó—. ¿Esto es por coquetearle a tu novia?


—No es mi novia.


—No por falta de intentos… —respondió Lavy, y hubo un pequeño silencio incómodo mientras volteé a observarla—. ¿Qué?


—No le des cuerda —dije, y luego volví a mirar al Barón—. Bien, Sabatte, descubrí quien era el infeliz que traía a los muertos a la vida, aunque en realidad no eran muertos.


—Genial. Ahora, ¿puedes soltarme?


—Sé también lo de la chica india.


—¿Lakshmi? No debí traerla, pero me conoces, no podía dejar todo en manos de un solo individuo.


—Bien, ahora gracias a tu falta de fe corremos el riesgo que Anwar invoque a la diosa Kali.


—¿Qué? No tiene sentido.


—Últimamente pocas cosas lo tienen. Necesito que nos ayudes a evitar que suceda.


—No puedo ayudarte de forma física, pero puedo darte información.


—No de nuevo —exclamó Lavy.

—Te diré algo —me dijo, mirando a mi compañera—. Me dejas pasar una noche con esta hermosa señorita e iré contigo hasta el mismo infierno.


—¿Qué parte de "soy casada" no entiendes? —repitió Lavy con ira.


—Yo también lo soy y no es un impedimento.


—¿No sabes que un no es no?


—Tu boca dice no, pero tus ojos dicen sí.


—Sé… —el tono malicioso de Hawkeye me gritaba que me alejara de ella lo más posible—… muchas formas de provocarle dolor a un hombre.


—Perfecto —respondió Samedi, desafiante—. Para mí el dolor es placer.


Lavy tomó su navaja y enterró entre la comisura de la uña de uno de los pulgares de Samedi, mientras éste, imposibilitado de desconectarse de ese cuerpo mortal, sentía el que quizás era uno de los dolores más grandes de su existencia.


—¡Carajo mujer! —dije, al ya no soportar más la situación—. ¿Cuál es tu maldita obsesión con las uñas?


—¿Qué? —respondió en tono irónico, mientras Sabatte no paraba de gritar—. Sólo le di en el gusto.


Va te faire foutre! —le gritó.


—Ese no es lenguaje para alguien de la realeza —prosiguió Lavy.


—Ya córtale el maldito dedo —le dije.


Una vez le amputó el dedo, el dolor cesó, y Sabatte dejó de gritar:


—Diablos señorita, es usted una sádica.


—Viniendo de ti, eso debe ser un cumplido.


—Bueno Sabatte —dije, encaminando la conversación—, ya que rompimos el hielo, ¿nos ayudarás?...


Hawkeye bajó los binoculares, mientras la sombra de la hierba alta nos proporcionaba protección del sol. Sacó otro de los puros de la caja, lo llevó a su boca e intentó prenderlo sin existo varias veces. Me acerqué y le pedí que me lo entregara.


—Lo estás encendiendo mal.


—Perdón su señoría, no soy experta en puros.


—Permíteme —tomé el puro y le expliqué—. Este tipo de cigarro tiene dos partes —señalé el extremo adelgazado—, la cabeza, que es la parte por donde aspiras, y el pie —señalé el otro extremo—, que es el extremo que prendes.


—Anatomía de un cigarro, más información inútil para mi cerebro.


—Nunca debes prenderlo con un encendedor de gasolina, deja compuestos orgánicos que alteran el sabor —le señalé una pequeña marca en la cabeza del puro—. ¿Ves esa marca?


—Si.

—Debes hacer un corte, y debe ser lo suficientemente grande para aspirar el humo sin mucho esfuerzo, pero no tanto como para que el puro se desarme, para poder prender el aire debe circular —tomé mi cortaplumas y realicé un corte en la cabeza.


—Comprendo.


—Luego —dije, sosteniendo el pie del puro hacia abajo—, debes calentar el puro —dije, mientras acerba el pie a la llama del encendedor de soplete que cargaba conmigo y comencé a rotarlo lentamente—. De esta manera tostaremos la punta. Debe encenderse por el calor de la llama, no por la llama misma, o tendrá un sabor amargo.


—Bien.


—Luego debes airearlo —soplé directamente en el pie del puro, mientras las pequeñas brasas que se habían formado en este comenzaban a encandecer—. Una vez se ha formado una braza pareja, te acercas el puro a la boca e inhalas mientras tienes la llama cerca. Aspiré el puro para encenderlo, y sentí el calor del humo, la ardiente caricia del tabaco. Lo mantuve en mi boca unos segundos y lo dejé entrar a mi garganta de a poco, hasta exhalarlo—. ¿Ves?, es fácil.


Le entregué el puro, y con una mirada coqueta se acercó el puro a la boca. Aspiró con valentía e intentó mantener el humo dentro, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo, su rostro se tornó rojo y luego azul y terminó tosiéndolo todo mientras sus ojos lagrimeaban. Comencé a reír.


—Con el tiempo te acostumbras.


—¡Carajo! —dijo entre tosidos, con una notoria irritación en la garganta—. Esta mierda quema.


—Debes hacerlo más despacio, no estás acostumbrada ni al humo de un cigarrillo normal, es como pasar de cero a cien kilómetros por hora en un segundo.


—Mierda —continuó—. Creo que quiero vomitar —dijo, ocultando su cara mientras escupía—. ¡Maldita sea!, ese sabor no se va.


—Se quedará contigo unas horas.


—Maldita sea, pudiste habérmelo dicho antes de fumar esta mierda.


—Asumí que lo sabrías.


—¡Carajo! —se quedó atónita mirándome mientras sus pupilas se dilataban.


—¿Qué pasa?


—Veo una delgada capa de color a tu alrededor.


Mierda, esta cosa si funciona. La detuve antes que pudiera decirme el color de mi aura. Me tomé un puñado de analgésicos para contrarrestar el dolor de mi pierna:


—No has usado la pluma —me dijo.


—No, creo que pueden ser de mayor utilidad más adelante.


—¿Planeas pelear herido?


—Al estilo mortal.


—Al estilo mortal —sonrió, y luego volvió a mirar a la casa—. ¡Ahí está!


—¿Qué cosa?


—… —preparó su arma y dijo—. Una abertura.


Nos acercamos furtivamente, utilizando la espesa hierba. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, envié un mensaje por mi celular a Joan, para que comenzara con su jugada. Casi al instante comenzó el primer sonido de la baliza, luego la segunda y la tercera. Los guardias, algo sorprendidos, se dirigieron al frontis a ver qué ocurría, y al despejarse el camino, nos infiltramos.

Caminamos con sumo cuidado entre los pasillos de la casa. Los analgésicos ayudaban mucho, pero no pude evitar cojear. Aún así, me esfuerzo lo suficiente para seguirle el paso a Lavy, o quizás, ella avanza con lentitud para que yo pueda seguirle el paso. De cualquier manera, salvo un par de guardias drogados fáciles de evadir, la distracción entregada por la policía fue suficiente para despejar el lugar.


—¿Qué carajos es eso? —me susurró mientras apuntaba su arma al frente.


—Mishka —respondí, al ver a la civeta mágica frente a nosotros—. Esa civeta es el familiar de la chica hindú.


—Civeta… es sólo un manchón rosa.


—Comprendo —ahora entiendo: el tabaco mágico le permite distinguir auras, pero no formas, podría ver el aura de la criatura, pero no su cuerpo.


—¿Sabes? No puedo leer tus pensamientos así que es mejor que me expliques.


—Uff —dije, manteniendo la voz baja—. Ese manchón rosa es aliado, no le dispares y solo síguelo.


Seguimos a la civeta por los laberinticos pasillos de la casa, hasta que llegamos al patio principal, donde se encontraban las jaulas deplorablemente cuidadas. En su interior, mujeres jóvenes, dopadas, en condiciones similares a las encontradas en aquel motel.


—Malditos hijos de puta —susurró Lavy, con notoria frustración.


La civeta corrió con ahínco hacia una de las jaulas y comenzó a rasguñar con fuerza, mas, sus patas eran intangibles, así que solo atravesaban los barrotes metálicos. Me acerqué al animal y observé en su interior a la chica hindú, apenas reconocible. Su cuerpo se encontraba herido, sus labios secos, con un notorio estado de deshidratación.


—Era una chica atractiva —la voz de Anwar retumbó—. Pretendía dejarla para mi placer personal, pero lamentablemente no entiende ni una palabra de lo que digo.


Claro, la burundanga no sólo quiebra la voluntad, sino también adormece los sentidos. Su cerebro apenas puede articular órdenes simples, ello implica que dichas órdenes deben ser dadas en su lengua natal.

Era una emboscada, tal y como había previsto Lavy. Anwar nos estaría esperado, y en efecto, no se habían escuchado disparos. Los hombres que salieron y estaban siendo detenidos por la policía no eran más que víctimas controladas, podían portar un arma, pero no disparar. Este sujeto era más sucio de lo esperable: usaba a los hombres como peones, mientras vendía a las mujeres como esclavas sexuales. Era escoria del peor tipo.


—Pagarás por todo esto, maldito —dije, sosteniendo el muñeco de trapo en mis manos.


La noche anterior.-


—Bueno, Sabatte —dije, encaminando la conversación—, ya que rompimos el hielo, ¿Nos ayudarás? No es mucho lo que estamos pidiendo.


—Por supuesto —prosiguió Lavy—. ¿Si te liberamos puedes volver a tu forma espiritual?


—Sí. Paul, en el bolsillo superior de mi traje tengo un foco, es un fetiche, mi forma astral está ligada a él —dijo, pasándome un fetiche empalado por cinco clavos gruesos. Podía ver en el muñeco el aura de un loa. Eso explicaba por qué Sabatte era difícil de ver todo este tiempo, pues el alma estaba en el muñeco, no en su cuerpo físico—. Esos son clavos hechos de acero bendito, mantienen mi alma y mi poder dentro y me permiten actuar como un humano normal. Si sacas un clavo, liberarás mi poder por 5 minutos, si sacas los 5 son 25 minutos, pero no debes destruir el muñeco, o destruirás mi forma física.


—En el mejor de los casos, tendremos 25 minutos —señalé. 


—Cuida ese muñeco con tu vida —dijo el Loa—. No tengo la capacidad de materializarme sin mi foco.


—No sería tanta la pérdida —agregó Lavy.


—Él nos ayudará, para mí eso es suficiente —le respondí a mi compañera—. No es lo ideal, pero puede funcionar.


Ahora.-


—Pagarás por todo esto maldito —dije, sosteniendo el de trapo en mis manos y luego quitándole los cinco clavos, para realizar el conjuro que invocaría al Barón. Luego guardé el muñeco en mi bolsillo.


Éste se materializó frente a nosotros, utilizando su cetro que poseía una calavera de amatista en su punta, un sombrero de copa y una ostentosa chaqueta de seda victoriana purpura:


—Cariño… —dijo en tono burlesco, mirando a Anwar—. He llegado a casa…


Continúa…


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