16.9.20

Crónicas de Paul Morgan #13



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 7 de 10)
Historia: RH Herrera

VII: Loa.

No tenía claro cuánto tiempo había estado encerrado en aquella habitación insípida, de paredes color azul y una mesa de plástico blanco. La silla tenía sus patas empotradas en concreto, no se podía rotar ni mucho menos mover. Carajo, mi pierna duele, duele más que estas malditas esposas. No alcanzamos a reaccionar, posiblemente el primer llamado tuvo que ser mientras intentamos capturar al diablillo. Ya cuando Lavy le disparó al sujeto del motel, la policía estaba bastante cerca.
No eran muchas las justificaciones válidas para una situación así, creo que yo estando en su lugar, hubiera concluido lo mismo. Maldito café, frío e insípido, dudo mucho que personal de la ley realmente consuma esta bebida.
Tras un rato la puerta de la sala se abrió, el oficial Joan se acercó y se sentó frente mí:

Well, mister Morgan, if that's really your name, you were not only found in a suspicious attitude at the scene of a crime, but, moreover, you stated on more than one occasion being a member of the international police, do you want to add something? (Bueno, señor Morgan, si ese es realmente su nombre, usted no sólo fue encontrado en actitud sospechosa en la escena de un crimen, sino que además, afirmó en más de una ocasión ser miembro de la policía internacional, ¿quiere agregar algo?).

Yes officer. Your coffee tastes like shit (Sí, oficial. Su café sabe a mierda).

Well, it's the same answer that your partner gave (Bueno, es la misma respuesta que entregó su compañera).

What can I say? Over time idioms are acquired (¿Qué puedo decir?, con el tiempo los modismos se adquieren).

Well, I inform you that we called the Interpol offices, and they confirmed that they do not have any agent named Paul Morgan, nor another named Lavy Hawkeye. In fact, they do not have any agent operating in this country (Bueno, le informo que llamamos a las oficinas de la interpol, y ellos confirmaron que no tiene ningún agente llamado Paul Morgan, ni otra llamada Lavy Hawkeye. De hecho, no tienen a ningún agente operando en este país).

They should, there are too many irregularities (Deberían, hay demasiadas irregularidades).

The point is that ten minutes after that, my boss got a call… (El punto, es que diez minutos luego de eso, mi jefe recibió una llamada…).

Congratulate him for me (Felicítalo de mi parte).

El oficial se acercó, y me liberó de las esposas:

You are not a member of Interpol, but still someone important enough that I cannot stop you (Usted no es miembro de la Interpol, pero, de todas formas, es alguien lo suficientemente importante, para que yo no pueda detenerlo).

Well, I never thought I would ever be grateful for nepotism (Bueno, nunca pensé que llegaría a sentirme agradecido del nepotismo).

Your partner is waiting for you (Su compañera lo está esperando).

Me levanté de la silla, pero antes de salir de la habitación, volteé a ver al oficial:

Would you be interested in stopping a slave network? (¿Le interesaría detener una red de esclavismo?).

Aquella fue una interesante conversación. Resulta que, desde hace unos meses, el tráfico de personas ha aumentado de forma exponencial, y por lo visto, ha llegado un punto de corromper a importantes figuras políticas dentro del país. Yo por mi parte le expliqué al oficial Joan Fritz lo sucedido con Anwar, obviamente omitiendo los detalles paranormales. Desde su percepción, el santero no era más que un traficante de personas.
Si bien para él, en su posición de oficial de la ley, le sería imposible detener la corrupción en los círculos políticos, si podría realizar una redada, y de esta forma atacar directamente a uno de los más grandes proveedores de los últimos meses.
Las chicas encontradas en la habitación diez del motel, sumado con notificaciones de envíos de elementos sospechosos, burundanga probablemente, cuyo remitente, en una muestra completa de estupidez humana, entregaba la dirección de la casa en medio del bosque, serían pruebas más que suficientes para una orden de allanamiento. Esto aparte de darle un impulso a la carrera estancada del oficial, comprendería un golpe efectivo contra el tráfico de personas, además de ser una muestra internacional de que la ley haitiana no era un juego.
El oficial Fritz, se sintió seducido por la idea, y decidió preparar un equipo de fuerzas especiales para brindarnos apoyo a la invasión a la base de Anwar. Sin embargo, el papeleo y conseguir la solicitud de la orden le llevaría todo el día, y dada la urgencia de la operación, debía llevarse a cabo apenas la tuviera.
Yo por mi parte, acompañado por Lavy, intentaría solicitar la ayuda de los Loa. Sabía que Maman Brigitte sería imposible de ubicar, y dado el comportamiento errático de Sabatte, no podría encontrarlo hasta llegadas las horas de la tarde, así que proseguí con mi siguiente opción.

Luego de unas horas:

—¿Estás seguro de esto? —me preguntó Lavy antes de entrar en la tienda—. ¿Crees que este sujeto querrá ayudarnos?

—Nuestros objetivos son los mismos —le respondí—. Obviamente querrá ayudarnos. Sin embargo, no sé si podrá hacerlo.

Inhalé antes de entrar, y luego empujé con mis manos la cortina hecha de conchas de mariscos atadas con cuerda. El interior era tan lúgubre como recordaba, con cazadores de sueños, amuletos hechos con huesos de animales, y la neblina generada por el tabaco. No había duda, el vendedor estaba en casa.

—Legba, sal de tu escondite —dije en voz alta—. Sé que estás en casa.

—¡Ah! Patnè, sabía que la tarde te traería a mis puertas.

—¿Con quién carajos hablas? —preguntó Lavy desconcertada. Evidentemente ella no podía verlo.

—¿Sería demasiado trabajo para ti tomar una forma física en esta ocasión?

—Lo lamento, patnè —respondió, mientras se materializaba en la habitación—. No noté que traías a una amiga.

—¡Oh! —exclamó Lavy—. Al menos tuvo la decencia de presentarse a ojos de una mortal —entrelazó sus dedos y estiró sus brazos hasta que sus falanges sonaran—. ¿Y que es él? ¿Un demonio?

—Un ángel, mademoiselle —con suavidad tomó su mano izquierda y besó el dorso—. Noto que sus manos tienen un interesante aroma a pólvora y sangre.

—Vaya, aún quedan caballeros.

Luego de una pequeña reverencia, Legba retrocedió un par de pasos, me observó un par de segundos y dijo:

Patnè, veo escasas tus probabilidades con aquella herida —señaló a la herida de mi muslo.

—Es parte del trabajo —repliqué—, aunque los analgésicos ayudan.

Patnè, vienes por mi ayuda, y mi ayuda te voy a dar, aunque, quizás, no sea de la forma que esperabas.

—¡Oh mierda! —exclamó Lavy—. Aquí vamos de nuevo.

Mademoiselle, patnè… no puedo asistirlos en combate, pero sí puedo curar a sus heridas y darles insumos para la batalla.

—Ese es el problema de los ángeles —respondió Lavy—, nunca quieren mancharse las manos. Quizás por eso me caen mejor los demonios.

Legba comenzó a hurgar entre sus cosas, y de ellas sacó una caja de madera. Me la entregó, y luego tomó lo que parecía ser una caja de puros y se los entregó a Lavy.

—Es muy amable de tu parte, pero no fumo.

Mademoiselle, estos puros, son hechos con el tabaco más fino, puede darle a tu mente la capacidad de ver más allá de lo que piensas.

—¿Es algún tipo de alucinógeno?

—No, mademoiselle. Otorgan visión verdadera durante un breve periodo de tiempo. No es fácil apuntar a un enemigo a ciegas.

Yo por mi parte, abrí la caja de madera. En su interior noté tres balas calibre 44, cuyas puntas parecían ser de cristal rellenas de un polvo blanco. A su lado, un objeto místico que ya conocía, dos plumas de ángel.

—Asumo que quieres que cure mi pierna.

—Correcto patnè, y la segunda guárdala para el momento indicado.

—Sí, siempre con acertijos. Y estas balas, asumo que serán balas benditas o algo.

—Sus puntas están rellenas de huesos pulverizados, para ser más exactos, dos de las costillas de Adán.

—¿Costillas de Adán?

—No es el Adán que piensas, patnè. Ese objeto es muy valioso, no matará a un demonio, pero lo mantendrá ocupado el tiempo suficiente.

—Vale, algo más que darme un acertijo.

—Ya tienes toda la ayuda que puedo ofrecerte.

—¿Nada de relevos? —preguntó Lavy—. ¿Nada de apoyo? ¿Alguna bestia mágica o algo?

—Mademoiselle, es todo lo que puedo hacer por ustedes.

—Que decepcionante.

—Sólo les deseo lo mejor, y le doy desde aquí mi bendición. Patnè, mademoiselle, que vuestro camino sea exitoso y puro, y que Dios los acompañe.

Luego de salir de la tienda, Lavy no pudo ocultar su frustración:

—¿Qué mierda fue eso? —dijo—. Siempre es lo mismo con estos idiotas, “su misión”, “de ella depende el destino del mundo” y no son capaces de mover un dedo por ayudar.

—Siempre ha sido así, llegado el momento siempre nos corresponde a los humanos salvar la situación.

La conversación escaló a puntos filosóficos que no vale la pena detallar, pero al menos fue un respiro de la tensión latente que me agobiaba. La luz comenzó a tornarse rojiza y procedí a dirigirme al café. Invité a Lavy a una copa, con la excusa de relajarnos un poco antes de la redada. Aún no recibía noticias de Fritz, y el único lugar donde se me ocurría podría encontrar a Sabatte, sería en aquel antro.
Luego de una copa, y con el filo de luz solar ocultándose, vi el reflejo del mar en los ojos de mi compañera. Ella notó que la miraba:

—¿Quieres hablar de ello? – preguntó.

—¿A qué te refieres?

—Los otros, los que son como tú.

—Aquello no tiene importancia en estos momentos.

—¿No? Te he notado todo el día inconexo, noté que te ha afectado, quizás a un punto más allá del que estás dispuesto a reconocer.

—No —respondí, y luego contraataqué—. Estás proyectando tus propias emociones en mí.

—¿A qué te refieres?

—Eres tú la que se encuentra afectada, por lo que sucedió con esas niñas.

—¡Qué imbécil! —respondió, indignada—. ¿Quieres dejar de fingir que no sientes? No entiendo que es lo que ganas alimentando el mito de que tienes un corazón de piedra, cuando en realidad estas tan dañado como cualquiera.

—Evitar este tipo de conversaciones.

—¡Por favor Paul! Te haría bien dejar de reprimirte, dañándote solo. Anoche, por un momento, abriste una ventana a tu humanidad. ¿No crees que es necesario pedir ayuda en algunas ocasiones? ¿Qué tan orgulloso tienes que ser para no aceptar lo vulnerable que eres?

—Lavy, tienes razón —dije, al leer el letrero ubicado en la cercanía de la puerta—, necesito de tu ayuda.

—Al fin, hablar de ello es un buen comienzo para…

—Quiero que cantes.

—¿Perdón?

—Quiero que te subas al escenario y cantes en francés.

—¿Qué mierda?... Es broma, ¿no?

—No, Lavy, es noche de karaoke y necesito que subas al escenario a cantar.

—No tenemos tiempo para esas idioteces, y no tengo ganas de…

—Escúchame. El tipo que ando buscando sabe ocultarse muy bien entre la gente, utiliza el humo y las luces nocturnas para cubrir su aura, así que no puedo detectarlo con mis ojos, y siempre tiene una apariencia distinta. Pero tiene una debilidad, no puede aguantarse, se siente en extremo atraído hacia las chicas fáciles, así que necesito que te subas al escenario y llames su atención. No podrá resistirse el intentar coquetear contigo.

—¿Qué? —dijo notoriamente enojada—. ¿Así que eso soy para ti? ¿“Una chica fácil”?

—¿Qué? —mierda, mala elección de palabras—. No, Lavy, quise decir atractiva… no puede resistirse a las chicas atractivas.

—¿Sabes? —tomó su vaso y me arrojó el licor a la cara—. Nos vemos en la comisaría.

Se levantó y se retiró del local sin mirar atrás. Carajo, ahora debo encontrar a ese desgraciado solo. Debí correr tras ella, pedirle perdón o algo, pero no fui capaz. Aún no utilizaba las plumas de Legba y mi pierna dolía. Caminé como pude buscando al tipo, pero en el lugar abundaban las prostitutas y los alcohólicos, y el exceso de humo de tabaco adormecía mis sentidos, no podría fiarme de mis ojos.
Ya era muy tarde en la noche, y me había resignado a no encontrarlo. Por el escenario habían desfilado una enorme cantidad de borrachos intentando cantar en inglés. Apenas entendibles trastabillaban frases que, de no ser por el ritmo no se reconocerían. De pronto, la voz del animador destacó sobre el jolgorio.

Mesye ak Mesye, mwen gen onè pouentwoduiounanyon bote etranjki te desidebeninouakvwaliaswè a, avèkou, madan Lavy Hawkeye.

Si bien no entendía el idioma, si pude entender entre sus frases el nombre de mi compañera. Entonces las luces se apagaron y un foco la iluminó en el escenario. Luego el silencio lo rompió el suave ritmo del contrabajo, y posteriormente, el sonido de una guitarra acústica tocando al ritmo de un vals folclórico francés. Sólo esos dos instrumentos generaban una música pacífica, aunque parecía incompleta. Luego, la voz de Lavy terminó de completar la melodía:

“♪ Je me lance, danssesbras ♪” (Me arrojo, a sus brazos)
“♫ Je ne suis que, heureuse maintenant♫” (En este instante, que afortunada soy)
“♪ Hors des prisons, Oùiln'existepas ♪” (sin prisiones, donde no existe)
“♫ Le souvenir du vent♫” (Los recuerdos del viento)
“♪ Dans un nouveau jour ♪” (En un nuevo día)
“♫ Je m'envoleverstoi♫” (Vuelo hacia ti)
“♪ Pourtoucher ton coeur ♪” (Para tocar tu corazón)
“♫ Je m'envoleverstoi♫” (Vuelo hacia ti)
“♪ Pourtoucher l'amour ♪” (Para tocar el amor)
“♫ à travers les, vagues du destin♫” (a través, de las olas del destino)
“♪ Je me lance ducemant ♪” (Me arrojo dulcemente)

Observé a mi compañera mientras cantaba en el escenario, pero no podía quedarme embelesado mirándola. Era la oportunidad que necesitaba. Comencé a mirar entre la multitud de rostros hasta dar con él. Sabatte poseía un rostro nuevo, pero las mismas malas costumbres, rodeado de mujeres, alcohol y tabaco. No podría equivocarme, era él. Se paró de su mesa dejando a sus acompañantes atrás, en un ademán hizo aparecer un ramo de flores en sus manos y se acercó al escenario como un insecto a la luz.

“♫Guide par l'imagine♫” (Guíame a imaginar)
“♪ De ton visage fatigue, Maintenant ♪” (Tu rostro cansado, y En un instante)
“♫ Je vois l'amour, Dans tes bras♫” (puedo ver el amor, en tus brazos)
“♪ Si simplement, Si heureusement ♪" (Tan simplemente, tan afortunadamente)

Al terminar la canción, él se encontraba al lado del escenario, mientras Lavy se acercaba al filo de éste. Se arrodilló y le presentó el ramo de flores aún antes que ella pudiera bajar.

Mademoiselle —dijo, con un tono de voz profundo—, votre voix m'a hypnotisée, veuillez accepter ce bouquet de roses et ma compagnie le reste de la nuit (Su voz me ha hipnotizado, por favor, acepte este ramo de rosas y mi compañía el resto de la noche).

Lavy me miró, y con un gesto le confirmé que se trataba de él. Entonces ella saltó del escenario hacia él y puso su pistola dentro de su boca.

Désolé, chérie (Lo siento, cariño) —dijo mientras martillaba su arma—. Je suis marié (Soy casada).

Continúa…

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9.9.20

Crónicas de Paul Morgan #12



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 6 de 10)
Historia: RH Herrera

VI: Imp.

—¿Es un espectro? —preguntó Lavy, mientras tomaba una de sus pistolas.

—No, es un Imp. Maldita sea, es un jodido Imp.

Dentro de la jerarquía demoniaca existen distintas clases de demonios. La mayoría de ellos no son capaces de interferir en el mundo físico a menos que sea a través de una posesión, sólo los demonios de más alto rango pueden materializarse a voluntad, pero la mayoría requiere de un ritual para encarnarse. Los Imp o "diablillos", son el equivalente a los familiares: son invocados por brujos como asistentes y amplificadores de sus poderes mágicos. Sin embargo, mientras los familiares son incapaces de alterar el mundo material, los diablillos pueden actuar sobre él, mas, consumen en demasía la energía vital de su invocador, además que fácilmente pueden salirse de su control. Esto exige mucha concentración por parte del mago, además que no puede perder de vista a la criatura.
Cualquier brujo o mago con un mínimo de conocimiento sabe que es una pésima idea invocar a estas sabandijas. Ello implica que nos enfrentamos a un aprendiz.
Intenté golpear a la criatura varias veces con la lámpara, pero es complicado como atrapar a un gato salvaje. Lavy, a pesar de su excelsa puntería, no pudo dispararle a algo que no veía. Comprendiendo esto, arrojó su pistola hacia mí, la cual atrapé, para intentar dispararle a la criatura.

—¿Dónde mierda está? —preguntó.

—Corriendo en círculos por toda la habitación.

Los pocos muebles y objetos al interior de la pieza comenzaron a moverse y romperse mientras la criatura corría sobre ellos rasgando el mugroso papel tapiz. Tomó un macetero metálico y votó el gomero junto con la tierra que estaba en su interior. Tras varios intentos, logré atrapar al diablillo al interior del balde, y me arrojé sobre él con todo mi peso, intentando que no pueda moverlo. Aún así, tenía la fuerza suficiente para sacudirme violentamente contra el piso de hormigón. Concentrándome, utilicé un conjuro de anclaje para mantener el balde pegado al suelo, pero lamentablemente, dicho conjuro sólo tiene efecto mientras esté tocando el balde.

—Su invocador no debe estar muy lejos —le digo—. Necesita mantenerlo dentro de su campo visual.

—No hay nadie salvo nosotros en esta habitación —tras decir eso, suspiró con indignación—. Mierda, hay una cámara acá.

Mientras yo intentaba mantener la concentración para evitar que el diablillo escapara, Hawkeye buscaba incesantemente en cada rincón de la habitación la ubicación de la cámara. Tras varios minutos de búsqueda, tuvo la idea de quitar la lámpara del techo. Fue entonces que se percató de que uno de los tornillos no correspondía, y al tomarlo y tirarlo se dio cuenta que era una cámara endoscópica. La tiró con fuerza hasta romper el cable de fibra óptica.

—La tengo —dijo.

—¡Ahora ve por ese infeliz! —grité.

—¿Cómo mierda quieres que sepa dónde está?

—¿Qué no es obvio?

—La recepción —dijo, mientras golpeaba la puerta y salía al exterior.

Las sacudidas del diablillo se hacían cada vez más y más violentas, esto implicaba que el brujo estaba perdiendo su concentración, y con ello el control de la criatura.
Aproveché el instante para comenzar un ritual de exorcismo, y mientras sostenía el balde, murmuré las palabras que Códex me había indicado en una época pasada.
Fue difícil, mi pierna dolía, pero logré concentrarme hasta conseguir expulsar al demonio.
Hawkeye llegó la habitación con el recepcionista encañonado:

—¿Acabaste con él? —preguntó, algo insegura.

—Ya está expulsado —respondí. El sujeto intentó hablar en inglés, pero Lavy apretó el cañón contra su sien.

—Calladito —le susurró, y luego volteó a verme—. Encontré a este sujeto sosteniendo sobre la mesa varios huesos de animales y símbolos raros hechos con sangre.

—Un aprendiz —observé al sujeto. Claro, debí sospechar de él al primer momento que lo vi—. ¿Estás con Anwar?

Algo raro tenía, no parecía ser alguien que practica la magia. No percibía en él los colores propios de alguien que ha controlado la Energía Cor. Aún así, estaba completamente seguro de que este sujeto era el responsable de la invocación del diablillo. Lograba ver que su energía interna estaba vinculada a la criatura que nos había atacado.
Amarramos al sujeto en una de las sillas que se encontraban en el interior de la habitación. Comenzó a hablar en un idioma incomprensible para mí, mas, Lavy parecía entenderlo.
Luego de observarlo varios minutos, mientras Lavy lo interrogaba sin éxito, comprendí:

—Hawkeye, abre su camiseta.

Lavy me miró sin comprender el motivo de mis palabras. Nuevamente le indiqué que lo hiciera. Tras romper su camiseta observamos tatuada en su piel oscura varios símbolos de conjuración.

—Este tipo no es un brujo, es un foco —le dije a Lavy.

—¿Quieres decir que esté sujeto es inocente?

—Para nada, no puedes convertirte en un foco en contra de tu voluntad. Este tipo debió haber llegado a un acuerdo con el santero.

—¿Entonces qué pretendes que haga?

—Traduce.

Coloqué una silla frente a la que él se encontraban amarrado, saqué un pequeño libro y comencé hablar:

—¿Cómo te llamas? —comencé. Lavy me miró extrañada, pero luego lo volvió la vista hacia él y tradujo mis palabras.

Kijanourele? (¿Cómo te llamas?).

Mwenpakonnenpoukisaou gen m’isit la, mweninosan, tousaoublamem’pou (No sé por qué me tienen acá, soy inocente, de lo que sea que ustedes me estén culpando).

—Dice que lo soltemos.

—¿Acaso tu amo te dijo que esa criatura que invocaste está absorbiendo tu tiempo de vida?

Movelespri a oureleaptouyeou (El demonio que invocaste te está matando).

Mwenpa te releokenndemon (Yo no he invocado ningún demonio).

—Carajo Paul, ya me cansé de esto —dijo Lavy, mientras acercaba al sujeto. Con una navaja en la mano, tomó su dedo meñique—. Byen, sa a se kontra a si ou di m 'kirelasyonou se akpouvwakoupe Anwar (Bien, este es el trato, si me dices cuál es tu relación con Anwar, cortaré tu dedo).

Mwenpakonprann (No comprendo) —dijo el sujeto, confundido—. Poukisamwentavleoukoupeyondwèt? (¿Por qué querría que me cortaras un dedo?).

Pou sa (Por esto).

De forma sorpresiva, Lavy comenzó a introducir la punta de su navaja en el espacio entre la uña y la carne del dedo meñique de la mano derecha del sujeto. Con su mano izquierda tapaba la boca del tipo, mientras seguía empujando el cuchillo hasta llegar a la tercera falange, dejando expuesto el hueso del dedo.

Koupeli, tanprikoupe l' (Córtalo, por favor córtalo).

Non pajiskaskeou di m 'saFuck Anwar a (No, no hasta que me digas qué carajos está haciendo Anwar).

Ansyensa a sotinan Somali, livlenetwaye Ayiti, lipral pote yonmovelesprisotinandezè a pounetwayetoutbagay… tanprikoupel (Ese anciano viene de Somalia, quiere limpiar Haití, traerá a un demonio del desierto para limpiar todo… por favor córtalo) —dijo el sujeto sollozando.

—Bien —dijo Lavy, mientras cortaba el dedo meñique. No pude evitar sentirme perturbado al ver la cara de alivio del sujeto al amputarle el dedo—. Chilló como un pajarito, ¿no?.

—¿Qué carajos, Lavy? —le reclamé—. ¿Qué fue eso?

—Un pequeño truco que aprendí en la guerra… ya tenemos información.

—Pues —dije, mientras observaba al sujeto transpirar casi al borde de la inconsciencia —, ¿puedes decirme qué mierda dijo?

—Dice que ese sujeto vino desde Somalia, y planea limpiar este país con algo así como un demonio del desierto, o algo.

—Para eso quiere la arena.

—¿Arena?

—Eso una larga historia. Al menos eso indica que no se moverá de aquel lugar.

—Bueno, olvida el factor sorpresa, a estas alturas ya debe saber que la gente que envió a matarte está muerta. Nos están esperando.

—Si, por eso necesitaremos ayuda.

—Olvídalo, Julio no enviará soldados a este país.

—No me refería él.

—Bien, vamos a buscar a quienquiera que sea tu amigo.

—Aún hay algo que me molesta. Pregúntale por qué lo está siguiendo.

Byen (Bien) —dijo Lavy, mientras levantaba su cara para mirarle directamente a los ojos—. Kisa oujwenn de sa a? (¿Qué ganas tú con esto?).

Mwenpakonnenkisa w ap pale de manke (No sé de qué está hablando, señorita) —Lavy acercó su navaja al dedo anular del individuo, y antes que pudiera perforarlo, éste respondió—. Ofrilivrezonmachandiz gratis poumwenakpoulòtpwopriyetè motèl (Me ofreció a mí y a otros dueños de moteles, entrega de mercancía gratis si ayudábamos).

—Dice que él, y básicamente los dueños de la mayoría de los moteles, le ayudaban a cambio de mercancía gratis.

—¿Mercancía? —pregunté—. ¿Qué clase de mercancías? ¿Drogas?

Ki kalitedwògou te pote yo? (¿Qué clase de drogas les traía?).

Pa gen okennvyanndwòg (No drogas, carne).

—Dice que lo hacía por carne. Qué idiota, espera que le crean que hacía todo esto por comida.

—No se refiere a comida, Lavy.

En ese momento algo en el interior de mi cabeza reaccionó. No debí haber dicho eso, debí haberla dejado en su inocente ignorancia, pero Hawkeye es una mujer inteligente, y tras mis palabras comprendió qué era. Llena de ira, clavó su cuchillo fuertemente en la mano derecha del tipo. Con el filo apuntando hacia los dedos y empujando con fuerza hacia ella, le gritó:

Kote yo? (¿Dónde están?).

Entre gritos, el tipo respondió.

Chanm dis (Habitación diez).

Lavy se levantó iracunda y salió de la habitación. Intenté detenerla, pero los gritos habían llamado la atención de la gente alrededor. Sabía que la policía venía en camino, así que quité el cuchillo de la mano del sujeto y corté sus cuerdas. Lo arrastré encañonado, intentando alcanzar a Lavy, mientras la gente alrededor nos observaba.
La vi intentando sin éxito abrir la puerta de la habitación diez, hasta que en un momento de frustración la pateó. Ni siquiera le fue necesario entrar, quedó paralizada unos segundos. Luego caminó hacia nosotros con su rostro pálido y una expresión atónita. Tomó su arma y le disparó en la cabeza al sujeto, que cayó al suelo, muerto, mientras la gente que nos observaba comenzó a gritar de pánico. Corrieron hacia la salida del motel, mientras Lavy caía de rodillas al suelo. Tras un momento, comenzó a llorar.
Me acerqué, y con cuidado la abracé, mientras seguía llorando. En ese lugar pude sentir un olor muy fuerte a putrefacción. Oí las sirenas de los policías llegando a las instalaciones. No había caso, no podríamos huir de ahí. Me acerqué a la habitación y pude ver en el interior aquello que había impactado a Lavy.
Hundidas en la oscuridad, en un mar nauseabundo, alcancé contar doce mujeres, niñas para ser más exacto, con obvias señales de desnutrición, cubiertas de sangre, vómito y su propia mierda. Obviamente estaban drogadas, y obviamente había sido con estramonio.
Volví donde mi compañera, la abracé nuevamente y entre sollozos me dijo:

—Debemos matar a ese maldito hijo de puta.

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2.9.20

Crónicas de Paul Morgan #11



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 5 de 10)
Historia: RH Herrera

V: Au Clair de la Lune.

¿Realmente era posible? Este hombre fue testigo de la liberación de las bestias sagradas*, pero ¿cómo? Entiendo que la densidad mágica de aquel suceso fue tan alta, que podía ser visible hasta para ojos mortales, es posible que este tipo haya visto todo eso y su mente no haya sido capaz de comprender la situación.
El maldito lo vio cómo una señal divina, que rompió su mente y su capacidad crítica; se convirtió en un fanático, un fanático que le sirve al dios equivocado.

—Utilicé mis contactos en el tráfico de opio. Primero viaje a Somalia y recluté a un grupo de piratas. Allí vi el potencial de la magia, y decidí contratar a un brujo. Es así como llegué a Anwar. Él prometió que en esta tierra encontraría lo que necesito para purificar el mundo.

—Estás loco, hijo de perra.

Miré al anciano, el cual no parecía entender la situación, y no logró discernir sí está siendo manipulado o sigue a este loco por voluntad propia.

—Señor Morgan, usted tendrá el honor de presenciar el nacimiento de un nuevo mundo, donde la mano de Alá entregue paz y pureza.

El sujeto tomó la taza de té. El silencio del anciano lo había convertido en mi cómplice. El musulmán bebió y luego continuó con su soliloquio.

—Esta tierra, bañada en la sangre de su gente, verá la liberación de la eternidad.

—¿Es por eso que secuestraste a Chopra? Si estás tan cegado con Alá, ¿por qué intentas invocar a la diosa Kali?

—¿Chopra? ¿Kali? Comprendo, está delirando.

En ese instante sus pies comenzaron a doblarse, perdió la fuerza de su brazo y derramó el resto del té. Cayó al suelo convulsionando. El anciano a mi lado se levantó, se acercó al musulmán y dijo:

—Realmente eres un fanático de mierda.

Tras decir esto, introdujo sus manos en el pecho del individuo. Aproveché el instante para intentar alcanzar mi arma, mas, los sujetos me habían desarmado. Traté de huir, pero el disparo atravesó mi muslo izquierdo, tumbándome al suelo, haciéndome gritar de dolor.

—¿Pretendías abandonar la fiesta? —dijo el anciano, mientras se levantaba con el corazón del musulmán en sus manos. El corazón aún latía—. Ya me tenía harto, sólo necesitaba a alguien que pagara mi viaje a casa.

—Así que eres tú quien ha estado detrás de todo esto.

—El enviado del caos vendrá. Este sujeto tenía razón en algo: el mundo debe ser purificado, pero no será por su dios —miró a los soldados—. Saquen a este extranjero de mi vista. Mátenlo enfrente de los cerdos, que ellos coman su carne.

Entre los soldados me golpearon, casi al punto de perder la conciencia. Me llevaron al anochecer a lo que parecía ser una granja, me arrojaron en el lodo y cuando pretendían disparar, la cabeza de uno de ellos estalló.
Gritaron y comenzaron a disparar en todas direcciones. Uno de ellos corrió hacia mí, puso su brazo alrededor del cuello y su sub-ametralladora apuntando mi sien, mientras sus compañeros caían uno a uno.
En la obscuridad, como una pantera se movía. Uno a uno, un tiro, un muerto, hasta que sólo quedó el pirata que me sostenía.

—¡Muéstrate, hijo de puta! —gritó.

Ella apareció. Su silueta, su cabello castaño cobrizo, sus ojos azules: Lavy Hawkeye, mi antigua compañera, desafiante, apuntó su arma a nosotros.

—¡Puta! Baja tu maldita arma, o le reviento la cara a este infeliz.

No conoce a Lavy… Sin dudar, sin respirar, un tiro certero. Oí el silbido de la bala pasar a sólo milímetros de mi oreja, sentir el calor de la sangre correr por mi cuello, la sangre de ese sujeto. Cayó. Cayó como un saco de piedras, y no volvió a levantarse jamás.

—Maldita sea, Paul, ¿nunca respondes el maldito teléfono?

—¿Qué haces acá?

—¿Qué crees? Salvando tu maldito pellejo, ¿quizás un gracias?

—¿Cómo me encontraste?

—Te mandé un troyano, me dio acceso al GPS de tu teléfono.

—¿Hackeaste mi celular?

—Yo no, Karla lo hizo. Sólo necesitaba enviarte un virus.

—Ese maldito video.

—Si —dijo en tono pícaro—. Es divertido.

—Maldita sea.

—Ahora, ¿me explicas qué mierda sucede, y por qué acabo de matar a esos sujetos?

Comencé a darle un resumen de la situación, mas, notaba en su cara una expresión de disgusto.

—¿Qué rayos pasa?

—Nada, es sólo que tienes un trozo de… cerebro en el pelo.

Bien, supongo que es lo que sucede cuando le disparan a alguien en tu espalda. Tomé una de las ametralladoras del suelo.

—¿Qué carajos crees que haces? —preguntó Lavy, con desdén.

—Ese mal nacido continúa dentro de la casa. Debemos detenerlo ahora.

—Ni lo creas, no puedes pelear en esas condiciones. Estás herido y tú puntería no es muy buena, menos con una M13.

—¿M13? Creí que era una AK-47.

—No todos los fusiles de asalto son AK-47.

—Bueno, y qué pretendes hacer ahora.

—Primero, curar tus heridas, segundo dormir un poco. Hice un vuelo de cuatro horas, sin mencionar que llevo tres intentando encontrarte.

En cierta forma, yo también me encontraba cansado. Resignados y ya avanzada la noche, nos retiramos al motel. Lavy me sostuvo desde el lado izquierdo durante todo el recorrido, ayudándome a caminar dada mi lesión. Al llegar a la habitación, Lavy me dejó caer con brusquedad sobre la cama.

—¡Cielo santo! Paul, has subido de peso.

—O tú te has vuelto más débil.

—Claro —rió en tono sarcástico—, recuerda que, de no ser por mí, en estos momentos serías mierda de cerdo.

Recorrió el lugar, mirando cada imperfecto en la habitación. Tocó el maldito papel tapiz, miró el pequeño baño, y luego cerró la puerta con indignación.

—Cuanto lujo —dijo, sarcástica—. Sabes Paul, siempre me pregunté cuándo tendrías el valor de invitarme a un motel, pero ahora que lo has hecho, resulta algo… —pasó su mano sobre el velador y vio en sus dedos una gruesa capa de polvo—… decepcionante.

—Dada nuestra situación, no es necesario tanto lujo.

—Entiendo, pero me gustaría que estuviese algo más limpio, sobre todo el baño. Pareciera que nadie lo ha limpiado en meses.

En uno de los bolsillos que traía al interior de la chaqueta reglamentaria de su División, el DIP, sacó un estuche lleno de lo que parecían instrumentos de tortura.

—Ahora, quítate los pantalones —pronunció de forma autoritaria.

—No estoy de ánimos de tener sexo, y menos contigo.

—No seas tan egocéntrico —dijo, mientras levantaba un bisturí—. Debo quitar esa bala de tu pierna. Ahora, o te quitas los pantalones, o los rompo.

Hasta cierto punto, fue algo humillante. Lavy no es prolija haciendo curaciones, sólo sabe de primeros auxilios lo que aprendió en el ejército. Fue desastroso, sucio y, sobre todo, muy doloroso. Ella comenzó dejando caer una generosa cantidad de alcohol sobre la herida, y luego, vi como excavaba en mi carne como si se tratase de un niño haciendo un agujero en la arena. A pesar del dolor, aguanté sin gritar todo lo que pude, e intenté hablar con ella para mantenerme enfocado:

—Y como se encuentra Ethan.

—Extremadamente enojado. No es para menos, debí haberle avisado.

Tomó del estuche unas largas y gruesas pinzas metálicas, las cuales introdujo en mi herida hasta dar con algo sólido. Luego tiró hacia fuera sin mucho cuidado. Desde que la conocí, ella siempre ha tenido un pulso casi inhumano. Aún en situaciones de mucho estrés, no he visto sus manos temblar ni un poco. Hubiera sido una excelente cirujana, mas, decidió dedicarse al ámbito militar. Uno a uno, sacó cada fragmento de la bala que se encontraba al interior de mi pierna, y cada uno de ellos se sentía como si apagarán un cigarro sobre mi piel.

—Bien, no quedan fragmentos —dijo, mientras vertía más alcohol sobre mi herida—. Debo coser la herida antes que se infecte.

Sostuvo una pequeña aguja curvada, la enhebró con el sedán de sutura y comenzó a cerrar la herida. Era como ver a alguien remendando un zapato. Sentir el sedán moviéndose a través de mi carne quemaba… pocos dolores he sentido tan intensos como éste. Hawkeye fue rápida, tal vez se demoró unos tres minutos, pero para mí fueron días.

—Está listo, no podrás moverte con normalidad un tiempo, pero no se infectará.

—Debo poder moverme con mayor naturalidad, debo detener a ese maldito antes que traiga a Kali a este plano.

—Bien, mañana te daré un par de analgésicos. Ahora debes dormir.

Intenté levantarme de la cama, pero el maldito dolor no dejaba que me pudiera mover. Dolía más que antes.

—Ha dejado de circular la adrenalina por su sangre, tus nervios ya no están adormilados. Sentirás cada maldito tirón —dijo, y luego comenzó a reír—. Al menos hasta que el sol salga, no podrás huir de mí.

Lo dijo en un tono tan sádico, que por un momento temí por mi seguridad.
Ella se sentó en el suelo, apoyando su espalda con el costado de la cama. Desde mi posición podía ver con claridad la parte trasera de su cabeza, y su largo cabello caía hasta descansar sobre sus hombros.

—Solías usar cola de caballo —le dije, tras sentir nostalgia por aquella época.

—Ya no puedo.

Se tomó el cabello del lado derecho, dejando al descubierto su oreja, y sobre ella, entre su cabello, se podía apreciar la cicatriz del golpe que había recibido.

—Yo… Lo lamento.

Ella volvió a cubrirse su herida. Tras un silencio incómodo, la sentí suspirar.

—¿Cuántos años tenía en aquel entonces? ¿26? Ya ni siquiera recuerdo.

—Lavy, lo siento, yo no quería...

—Tres meses, Paul. Tres malditos meses —más que ira en sus palabras, pude apreciar pena y decepción—. Perdí tres meses de mi vida, y cuando desperté, te habías ido.

—Créeme, no hay ni un solo día que no me arrepienta de lo que pasó.

—Me abandonaste, me dejaste pudrirme en ese hospital. ¿Sabes?, no estuve inconsciente todo el tiempo, podía oír lo que sucedía, pero mi cuerpo no respondía. No tienes idea de lo que se siente ser prisionera de tu cuerpo.

—Yo no debí permitir que Julio me asignara un compañero en primer lugar. La gente a mi alrededor suele tener destinos trágicos.

—No te culpo por mi herida, te culpo por abandonarme, por dejarme sola. Se supone que éramos compañeros, y tú simplemente me dejaste. Luego no respondías mis llamadas, y cuando finalmente volviste, decidiste llevarte a alguien que no conocías para que te ayudara. ¿No pensaste en buscarme a mí?

—No quería ponerte en riesgo nuevamente. Además, tampoco resultó muy bien para Alexa.

—Así que decidiste mantenerte solo.

—Para no dañar a nadie más.

—Pues, de no ser por mi estarías muerto. A veces es bueno pedir ayuda.

—No comprenderías. Siempre he estado solo, nadie podía entender mi situación, hasta que la encontré.

—¿Solo? Paul, yo siempre te apoyé. Julio siempre lo hizo, te dio un hogar, y una familia.

—Nadie en esa familia era como yo. Esta maldición que cargo me condena a la soledad. Cuando conocí a Alexa Camus, sentí por primera vez en mi vida que podría haber sido diferente. Encontré a alguien que compartía mi maldición, me la arrebataron de los brazos, y luego volví a estar solo.

—No has comprendido nada. No estás solo.

—Lavy, por mucho que digas que me apoyas, nunca entenderás…

—No, eres tú el que no entiende —dijo, mientras rodaba su cuerpo para mirarme directamente a los ojos—. Ya no seguiré ocultándolo más. No eres el único.

—¿Qué? —podía notar en sus ojos rabia, y un par de lágrimas brotaron de ellos.

—¿Nunca te pareció extraño que la segunda persona que encontraste con tu misma habilidad fuera un agente de The Wall? ¿O que estuviera tan cerca de Julio?

—¿Qué tratas de decir?

—Hay miles con tu habilidad. Algunos, como en el caso de Alexa, ni siquiera son conscientes que la poseen. Julio se ha dedicado a buscarlos y tiene una lista con miles de ellos esparcidos por todo el mundo.

—¿Qué mierda?

—Has vivido engañado todo este tiempo. El DIP ha mantenido esta información como confidencial, pero creo que tú tienes derecho a saberlo.

—No… —mierda—. No sé cómo debería sentirme acerca de esto.

Carajo, realmente no tengo idea de cómo debería sentirme. Lavy tomó mi mano con fuerza y la apretó contra su pecho. Sentí los latidos de su corazón, los cuales me calmaron, y por un momento tuve un deseo casi irrefrenable de llorar, pero me mantuve estoico y ahogué mis emociones.

—Necesito dormir —dije.

Cómo mierda pretendo dormir después de semejante información. Lavy se subió a la cama y apoyó mi cabeza en su hombro. Con sus manos suavemente acariciaba mi pelo. Besó mi frente y suavemente susurró.

—No estás solo, ya no más.

Hay algo en Lavy, no sé si serán los años que compartimos como compañeros, la confianza que logré forjar con ella, su calor o simplemente el olor dulce que emana de su cuerpo. Me reconforta, me tranquiliza, produce en mí el deseo de sumergirme en el sueño eterno sintiéndome en paz conmigo mismo. Nunca supe lo que era tener una madre, pero creo que esto es lo más cercano que estaré a sentirme como un niño protegido en los brazos de su madre. Luego ella comenzó a murmurar una melodía.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté.

—Es solo una canción que cantaba mi madre cuando era pequeña y quería hacerme dormir.

Pensé en detenerla, pero la verdad quería escucharla:

—“♪ Au clair de la lune, mon ami Pierrot ♪”
(A la Luz de la luna, mi amigo Pierrot)
“♫ Prête-moitalume, Pourécrire un mot ♫”
(préstame tu lumbre, para escribir una palabra)
“♪ Ma chandelleestmorte, Je n’ai plus de feu ♪”
(Mi vela está muerta, no me queda luz)
“♫ Ouvre—moita porte, Pourl’amour de Deiu ♫”
(Abre tu puerta por el amor de Dios)

Su voz era suave y acogedora. Lentamente mis ojos se cerraron y no pude escuchar el final de la canción, pero esa noche dormí mejor de lo que había dormido en toda mi vida.
En la mañana siguiente desperté, abrí mis ojos y encontré frente mi a Lavy, sus ojos cerrados y su respiración pequeña. Aún no recordaba el dolor de mi pierna, sólo estaba frente a su rostro de un tono cálido. Podía ver pequeñas pecas rojizas que cubrían parte de sus mejillas y sus delicadas facciones. Sus labios se veían suaves y tersos. Tuve el deseo incontenible de besarla, cuando en un instante vi lo que parecía ser una mueca, un micro gesto que la delató. No aguantó más y soltó una pequeña risita:

—¿Cuánto tiempo más estarás mirando? —dijo, en tono coqueto y susurrante.

—¿Cuánto tiempo fingirás estar dormida?

Abrió los ojos, esos grandes y brillantes ojos azules. Por un momento me perdí en ellos, como si nada más existiese. Nunca pensé que tendría un momento de cercanía con esta magnitud. Sentía mi cuerpo temblar sin motivo alguno, y por momentos el tiempo se detuvo. ¿Es así como debe sentirse? Vi con claridad como ella humedecía sus labios, y como lentamente cerró sus ojos e intentó besarme. Pero algo no estaba bien. Una sombra, una amenaza. La tomé con mis brazos y giré mi cuerpo completo para lanzarla fuera de la cama, apenas unos instantes antes de ver como el colchón se rasgaba.

—¿Qué mierda te pasa? —preguntó Lavy, iracunda y confundida.

Es cierto, ella no puede verlo. Aquella criatura similar a un simio, con la piel seca cayéndose a pedazos, una larga y escamosa cola y dos protuberancias saliendo de su cráneo. Sus dedos eran huesos afilados terminados en punta. Con una de sus manos atravesaba el colchón, justo en el punto donde Lavy descansaba. Si no reacciono, ella estaría muerta. La criatura me miró con los ojos bañados en sangre, lentamente me mostró los dientes afilados como navajas y su lengua bípeda salía a través de ellos. Rápidamente intenté ponerme pie y tomé lo primero que encontré mi lado como arma, una lámpara.
Lavy Hawkeye, al percatarse de mis acciones, comprendió inmediatamente que había un ente sobrenatural en la habitación:

—¿Es un espectro? —preguntó.

—No, es un imp

Continúa…

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*en "Crónicas de Paul Morgan" #1 al #6

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26.8.20

Crónicas de Paul Morgan #10



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 4 de 10)
Historia: RH Herrera

IV: Estramonio.

"¿Qué mierda está pasando?", pensé al encontrarme con dantesca escena. Corrí, corrí hasta que mis pulmones no daban más de sí. Al llegar, me encontré con los sobrevivientes huyendo del lugar. Los bomberos hacían todo lo posible por apagar las llamas. Entre el humo y las luces rojizas, se podían apreciar decenas de cuerpos, destrozados, calcinados. Resulta difícil a simple vista saber que ocurrió antes.
Los paramédicos atendían a los heridos, entre los cuales, se encontraba el recepcionista del hotel. Me acerqué y le pregunté:

What happened here? (¿Qué sucedió aquí?).

They came during the night, they brought torches and machetes, they attacked people (Vinieron durante la noche, traían antorchas y machetes, atacaron a la gente).

Who arrived? Who? (¿Quiénes vinieron? ¿quiénes?)

Zombies.

Mierda, quienquiera que sea este maldito, sabe que voy tras él, y es capaz de matar tanta gente inocente sólo para intentar intimidarme. Carajo, sí tan sólo esos malditos Loas fueran de mayor utilidad.
Suerte que viajo con poco equipaje, todo lo necesario lo traía conmigo. No había nada que pudiera hacer durante la noche, las llamas consumían todo a su paso, y mi presencia no haría más que estorbar a las fuerzas de ayuda.
Volví caminando a la zona urbana, y busqué el primer motel que encontré. La recepción no era muy limpia, y un horrible resplandor de color celestino inundada el lugar:

A room (Una habitación) —le dije al recepcionista.

Do you come alone? (¿Viene usted sólo?) —preguntó.

Yeah, just give me a damn room (Sí, sólo deme una maldita habitación).

Of course, our service includes a courtesy, I can send you a young lady to keep you company (Por supuesto, nuestro servicio incluye una cortesía, puedo enviarle alguna señorita a hacerle compañía).

It's not necessary (No es necesario).

Maybe a young man? (¿Quizás un jovencito?)

No.

Can be as young as you want… (Puede ser tan joven como usted desee) —mierda, no puedo fingir que no escuché eso.

Tomé al sujeto de la camisa, y con fuerza introduje el cañón de mi arma por su boca. Me sentí muy tentado de jalar el gatillo:

Listen to me, son of a bitch, if I find out that you are enslaving children, the next place where I'll stick this barrel will have no teeth, and this time I'll shoot (Escúchame bien, hijo de puta, si me entero que estás esclavizando niños, el próximo sitio donde pondré este cañón no tendrá dientes, y esta vez dispararé).

Sentía el temblor del cuerpo del individuo, vi el miedo en sus ojos y sentí el olor de la orina que brotaba de él. Creo que entendió la lección.
Lo empujé con fuerza, y al incorporarse me entregó las llaves de una habitación. La noche fue más larga de lo que pensaba. Estas malditas paredes, son delgadas, como hojas de papel. No entiendo el sentido de gritar durante el acto sexual, pero por algún motivo, la gente acá parece disfrutarlo.
La habitación era pequeña, una puerta, una ventana, una cama de una plaza y un pequeño baño. Las paredes cubiertas con un feo papel tapiz celeste con cupcakes estampados, y un gomero en una maceta al lado de la ventana. No soy alguien de muchos lujos, pero esto es indignante hasta para mí.
Gran parte de la noche la pasé intentando dormir, el resto de ella tratando de arreglar el inodoro. La cadena se encontraba cortada, y parecía que hace semanas no contaba con agua… vaya mierda de sitio.
Tras el amanecer volví al sitio del incendio, el hotel Cubanito. Había quedado reducido a cenizas, y una cinta de escena del crimen rodeaba la zona. Volví a ejecutar mi papel. Entre los oficiales del lugar se encontraba Fritz. Sin perder tiempo, me acerqué a él.

Do you have any idea what happened here? (¿Tienes idea de lo que ocurrió acá?)

The foreign cop, I knew you would be involved in this (El policía extranjero, sabía que estaría involucrado en esto)

What can I tell you? The news run fast (¿Qué puedo decirte? Las noticias corren rápido).

It's not common for other countries to get involved in local crimes (No es común que otros países se involucren en crímenes locales).

I understand perfectly, but this is an international business. If you prefer you can call the ambassador and ask him yourself (Entiendo perfectamente, pero este es un asunto internacional. Sí lo prefiere, puede llamar al embajador y preguntarle usted mismo).

Una jugada digna del póquer, obviamente no contada con el apoyo de la embajada, pero sí contaba, con que aquel policía no tendría los huevos de molestar a una autoridad internacional.
Tras cruzar el cordón de seguridad y de entre los escombros, no encontré más que ceniza y algunas pertenencias calcinadas. Sin embargo, en lo que parecía ser los escombros de la habitación de la chica hindú, encontré una pequeña estatua de cuarzo rosa, una civeta similar a su familiar. Esta pequeña estatua cabía en la palma de mi mano y le faltaba una oreja, pero no encontré otro rastro de la sacerdotisa Kalika.
Estuve varios minutos investigando el incendio. No era difícil deducir que habían utilizado un acelerante, nitrato de amonio y azúcar. Este tipo no sólo era un santero, sino también un químico experto. 
Esa tarde caminé hasta el café donde me había encontrado con Sabatte. No tenía dónde más ir, el motel no era un sitio agradable para pensar. Me senté en una de las mesas del exterior, mirando al maldito océano. Golpeaba la mesa con el dedo mayor de mano derecha cuando el ruido de mi teléfono rompió mis pensamientos: 
—Mierda —exclamé. Al inspeccionar la pantalla me di cuenta que era Lavy. Presioné el botón de silencio y volví a intentar pensar.
La tarde se volvió larga, y mi cerebro se encontraba seco. Le solicité al camarero un café, sí, de esos malditos que valen quince dólares. El muchacho asintió y tras cuatro minutos llegó con una taza de café humeante y una copa de soda. Maldita sea, el agua acababa de hervir y al intentar tomarlo quemé la punta de mis labios.
—Carajo, qué idiota —dije, mientras dejaba el café sobre la mesa. En ese instante vi el vapor que se elevaba formando espirales, espirales que me recordaban a mi conversión con Maman Brigitte: “un trozo de animal rosa”, golpeó como un taladro mi cabeza.
Introduje mi mano en mi bolsillo y saqué la estatuilla de civeta. De la nada comencé a reír, y reí tan fuerte, que el resto de los comensales comenzaron a mirarme.
En aquel instante, entendí todo. Las crípticas palabras de Legba, “un demonio extranjero que devora la vida”… Claro, ese demonio es la diosa Kali, y el trozo de animal rosa es esta pequeña estatua de civeta. Eso implica que aquellos hombres no buscaban atacarme a mí. Yo y mi ego, creí que esa chica hindú me seguía, pero era yo quien estaba en un sitio que no debía. Esos tres hombres la buscaban a ella, y el maldito incendio, fue para atraparla… Un momento, eso quiere decir que…
Saqué un puñado de dólares y los dejé sobre la mesa. Comencé a correr hacia la costa, comprendiendo que habían capturado a la chica y que si no descubría pronto su ubicación estábamos condenados.
Maman Brigitte nombró la costa por algún motivo. Aún con el sol en el cielo, llegué a la playa, y examiné mi teléfono para ver la hora. Treinta llamadas. "Maldición, ahora no, Lavy", pensé, y al levantar la mirada, vi a aquella civeta rosa entre los árboles cercanos. Comencé a seguirla.
—¡Mishka! —grité, intentando que el animal mágico se detuviera, mas, no lo hacía. Comprendí entonces que me estaba guiando al punto donde se encontraba su dueña.
En medio de la densa vegetación, la criatura desapareció, aquí entre la nada. Separé las hierbas con las manos y pude ver lo que parecía una casa en medio del bosque.
El sigilo no es una de mis facultades. Intenté mantenerme oculto mientras me acercaba. Sin embargo, me di cuenta que la mayoría de los guardias eran personas dopadas con estramonio. Es una mala elección de guardias.
No tuve muchas dificultades para ingresar, mas, el interior era otra historia. Guardias armados, piratas muy probablemente, portaban machetes y sub-fusiles. No era mucho lo que podía hacer contra la diferencia de armamento.
Uno de ellos me capturó, amarraron mis manos a la espalda y me llevaron a un antejardín. Frente a mí, un hombre, musulmán por sus rasgos, con piel clara, y una fina y cuidada barba con forma de candado.

—Disculpe Señor, no creo que nos conozcamos —dijo, intentando esconder su acento.

—Parece que usted si me conoce —le dije, mientras dos guardias a mi espalda me apuntaban.

—Por favor —dijo, dirigiéndose a los soldados—. Alá dice que hay que ser cortés con los invitados.

Tras decir esto los soldados dejaron de apuntarme. Uno de ellos tomó su navaja y me liberó.

—Por favor, señor… —dijo, señalando una pequeña mesa ubicada en el jardín.

—No finja que no conoce mi nombre —le dije—. Ha estado observándome desde que me atacaron sus hombres.

—Bien, señor Morgan, tome asiento —caminó hasta lo que parecía una pequeña cocinilla, y trajo consigo una tetera.

Aquel jardín estaba decorado de una manera poco convencional. El suelo estaba cubierto de arena, pero no arena de la playa. Este tipo de arena era similar a la encontrada en los desiertos. Piedras, cactus… parecía que este tipo había adecuado el lugar para sentirse en casa.

—¿Le llama la atención la arena, señor Morgan? —dijo, mientras me servía una taza de té.

Había algo raro en la arena de ese lugar, traía recuerdos a mi mente de cosas que preferí olvidar: sangre de ángel en el suelo, sangre de demonio en el suelo, la sangre de Alexa…

—Cuando era niño, fui secuestrado por un grupo de chatarreros del desierto, ellos me obligaron a aprender la alquimia y me enseñaron a sintetizar opio.

—¿Intentas hacer que empatice contigo? —dije en tono desafiante—. Pierdes el tiempo, no lograrás nada.

—No, señor Morgan —dijo, en tono condescendiente—. Pretendo que comprenda por qué voy a purificar esta tierra.

De pronto apareció un hombre negro, anciano, vestido con pieles de animales. Me miró fijamente.

—Creo, señor Morgan, que ha estado persiguiendo a mi amigo —dijo, mientras le servía una taza de té—. Estas personas, su religión, su cultura… es bastante interesante. A pesar de estar alejados del camino de Alá, ellos comprenden la necesidad de purificación. Anwar se ofreció a ayudarme, él me está dando un ejército para seguir la palabra de Alá.

—¿Quieres terminar esta maldita mierda? —algo raro sucedía, la sensación de incomodidad aumentaba cada vez más, mi cuerpo se sentía frío y pesado. Aún así, intenté mantener ocultas mis emociones—. No me interesa tu estúpida forma de llegar a la iluminación.

El anciano sólo observaba la conversación. Mientras, en un descuido del musulmán, cambié las tazas de té. Él continuaba con su monólogo.

—No puede comprender, señor Morgan.

—Perfecto, todos asumen lo que puedo y no puedo entender.

—Alá demostró su poder.

Carajo, qué mierda está pasando. Esa sensación de ansiedad, mi corazón late a una velocidad inusitada, mi cabeza duele, ni estómago se aprieta.

—Crecí y destruí el laboratorio de opio, maté a mis captores, hui al desierto.

Sus palabras se volvían cada vez más y más enérgicas, podía ver el fervor de sus ojos, era todo un fanático.

—Caminé, durante días calurosos, noches frías como el hielo. Creí que moriría deshidratado, débil, y ya sin fe, lo vi.

En ese instante, mi corazón término de estremecerse. Sentí cómo millones de agujas atravesaban mi columna.

—La luz. Me levanté y vi frente a mí decenas de ángeles siendo devorados por la serpiente del mundo.

—¿Qué mierda?

—Al pájaro del cielo rompiendo la bóveda celeste, y a la bestia de la tierra hacerse uno con la arena. Era mucha la maravilla ante los ojos de este humilde mortal.

—No, es imposible…

—Y luego, desde el Cielo, la voz de Alá, ofreciéndome esperanza. Allí fue que comprendí que debo limpiar el mundo…

Continúa…

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19.8.20

Crónicas de Paul Morgan #9



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 3 de 10)
Historia: RH Herrera

III: El Barón del Cementerio.

No existen muchas personas, o loas, en este caso particular, que se ganen mi aprecio, pero este tipo es agradable. Claro, no tenía mucha competencia si lo comparamos con Sabatte.
Me invitó a pasar, y me sirvió una taza de té de yerbas. Al principio le tomé algo de desconfianza, pero al ver que él también lo tomaba decidí arriesgarme.

—Manzanilla, tomillo, canela y rodajas de durazno, no es una mezcla muy exótica —dije—, pero admito que tiene buen sabor.

—Has dudado en dar el primer trago —dijo, sonriente—. Eso ha sido una acción inteligente, podría salvar tu vida en un futuro.

—Me han intoxicado en anteriores ocasiones, y es algo que no quiero volver a vivir.

—¿Una toxina en la bebida?

—Ácido arrojado a la cara.

—Parece ser una historia interesante.

—No lo es —dije con resignación—. Mi ex compañera y yo intentamos atrapar a un idiota, y éste pasó arrojándonos aerosol de LSD. A mí me pegó más fuerte que a ella.

—Me cuesta imaginar lo que esos ojos podrían ver bajo la influencia de un alucinógeno tan potente.

—Y que lo digas —tomé otro sorbo. Aquella historia es de una etapa de mi vida que prefiero no recordar.

—Y, patnè, que sucedió con este idiota, ¿escapó?

—Pues —reí—, lo intentó, pero mí ex compañera lo detuvo.

—Y esta chica, ¿sigue en tu vida?

—¿Esta conversación va a alguna parte?

—No lo sé, patnè, tú dilo. Has venido a mí por atención, y atención es lo que te estoy dando.

—No necesito psicólogo, necesito datos, pistas, información.

—Oh, patnè, no soy poseedor de todas las respuestas, entiendo la mente humana, el resto es solo deducción.

Aspiro nuevamente la burbujeante agua dentro de la pipa. Ese humo blanco casi hipnótico se movía en espirales al interior de ésta, subía y entraba a la boca de Legba, y tras varios segundos, una eternidad diría alguno, era expulsado por sus orificios nasales como una densa capa de niebla, que cubría la mesa.
A mitad de la conversación, se levantó y trajo consigo un vaso hecho de cuero, lleno de lo que creí en un principio eran dados. Agitaba el vaso enérgicamente, mientras estos tronaban en su interior. En un momento, exhaló una inmensa cantidad de humo en el interior del vaso, e inmediatamente lo tapó con su mano izquierda, evitando que el humo escapase.
Podía ver con claridad sus manos, con los huesos tatuados sobre ellas, falanges, tarso y metatarso. El tatuaje continuaba hasta la conexión con la muñeca, donde se veía dibujada sobre la piel con espléndido detalle el radio y el cúbito. Tinta blanca sobre piel negra, un grueso anillo de oro con una calavera como sortija en su dedo anular izquierdo. Tenía uñas postizas fabricadas en oro, las cuales tenían bordes rojizos opacados, como si se tratase de sangre seca.
Arrojó el contenido del vaso sobre la mesa, y el humo se condensó, formando la figura de un pájaro, un cuervo que voló en mi dirección. El humo se dispersó al tocar mi cara, y sentí el olor de hachís mezclado con el tabaco. Como un destello, tuve la visión de un hombre, gigante, de piel negra como el carbón, ojos bañados en sangre, tres ojos, líneas rojas atravesaban su calva cabeza y marcaban su cuerpo cual si se tratasen de cicatrices de antiguas batallas. Comprendí que se alimentaba de sangre y miseria, de la tristeza de la gente, y la desesperación no hacía más que volverlo más y más imparable.

—¿Pudiste verlo, patnè? —preguntó Legba, sacándome de mi trance.

—¿Qué mierda fue eso? —dije, atónito.

—Nuestro destino, patnè, un demonio de otra tierra devorando la vida.

—¿Es él quién está detrás de los retornados?

—No, pero es lo que sucederá si no lo detienes.

—Entonces, dime a quien debo eliminar.

—Eso, patnè, te toca averiguarlo a ti.

—Vaya mierda de ayuda.

—Conoces las reglas, patnè. No podemos interferir en asuntos humanos.

—Ya están involucrados. Desde que Sabatte me llamó, ya tiene sus narices metidas hasta el fondo.

—Samedi es un rebelde, irresponsable. Su comportamiento es más apropiado para un demonio que para un ángel.

—Una extraña forma de dirigirse a tu jefe.

—Es mi primo, no mi jefe. Estoy tan interesado como tú en evitar el desastre, pero hay ciertos límites que prefiero no cruzar.

—¿Por temor a Dios? ¿Logos? ¿A quién mierda se supone que sirven ahora?

—No somos sirvientes, patnè, e intento ayudar. Me sorprende que alguien que haya visto la monstruosidad del Leviatán se dirija al Creador con semejante insolencia.

—El creador, el destructor, el hijo de puta que ignora los gritos de ayuda de sus hijos, y que los hizo pelear con sus hermanos sólo por una diferencia opinión. Y aún así, ustedes han seguido ciegamente luchando por el favor de alguien que no está interesado en el resultado de la batalla.

—Luchamos por ustedes, patnè, por su libertad, por su vida, por su capacidad de decidir.

Indignado me levanté de su mesa, y me dirigí a la salida. Antes de cruzar el umbral volví la mirada hacia el Loa, y le dije:

—¿Sabes? Al menos Sabatte no es un hipócrita. El tipo es desagradable, alcohólico, misógino e infiel, pero comprende perfectamente que su maldita guerra no tiene sentido. Sí tu Dios estuviese realmente interesado en el bienestar humano, no permitiría nada de la miseria que cubre el mundo.

—Estás perdiendo la fe, patnè.

—La fe es una mierda, ustedes ángeles iluminados, mierda santificada, amenazadores, pero con tanto poder no son capaces más que de pelear por su propio interés de ser los favoritos, disfrazándose en intenciones altruistas que no son más que una fachada.

Salí del negocio y caminé entre la multitud sumido en mi frustración. Sin embargo, de entre la multitud, un niño me detuvo:

Mesye (señor) —dijo, con voz doliente—. Ou gen pen? (¿Tiene pan?)

No traía comida conmigo en ese momento, pero tomé de mi billetera un par de dólares y se los entregué. El niño sonriente me miró y en una de sus manos me entregó una vela.

—Hoy a la medianoche —dijo el niño, en español—. Enciéndala frente a la estatua de María en el cementerio central, ella lo verá.

Luego de eso, el niño empezó a correr, se volteó y gritó de entre la multitud:

—No pierdas la fe, patnè.

Luego se perdió entre el tumulto de gente.
Loas, malnacidos, ustedes con sus conspiraciones y encrucijadas. Aquella tarde, luego de almorzar, me dirigí a la estación de policía de Puerto Príncipe, pues, por muy oculto que fuese el camino durante la noche, es una zona transitada durante el día. Los cuerpos de aquellos individuos debieron haber sido encontrados.
Ingresé a la estación y fingiendo un papel ya conocido, hablé en inglés. Me hice pasar por un detective contratado por la embajada y convencí a un oficial de alto rango, llamado Joan Fritz, que estaba investigando una serie de desapariciones en el puerto. El tipo parecía ser un buen agente de la ley, vestido con su terno barato pero cuidado, perfectamente planchado, marcando los dobles del pantalón tal como se hacía antaño. Resulta difícil en esta época ver a alguien con similar cuidado por su uniforme de trabajo. Su cabello era oscuro y grueso, ondulado, tenía un par de canas en las patillas. A simple vista y fuera de los rasgos característicos de su etnia, podría deducir que rondaba los cincuenta años, poseía un par de cicatrices en su cara que mostraban lo aguerrido que era en el cumplimiento de su deber, y su aura era de un color azul verdoso, propia de una persona confiable y conforme con su labor.
Mentí, le hice creer que pertenecía a la interpol. Él fue algo desconfiado, así que tuve que recurrir a las credenciales falsificadas que había solicitado hace unos años, CIA, FBI, Interpol, MI5, entre otras, una para cada ocasión… no salieron para nada baratas.
No le quedó más remedio que confiar en mí, y aun así, se pegó a mí como una lamprea y me llevó a la sala de patología. Allí sobre una mesa metálica se encontraban los restos de mis atacantes:

Their bodies were destroyed by some kind of projectile, of a caliber that I have never seen (Sus cuerpos fueron destrozados por algún tipo de proyectil, de un calibre que nunca había visto) —dijo el doctor, mientras los examinaba.

I understand, it fits with the modus operandi of the organization that I am looking for, they own a new type of shotgun rifle, it shoots incandescent spheres like a spray (Entiendo, encaja con el modus operandi de la organización que estoy buscando, poseen un nuevo tipo de rifle de perdigones, dispara esferas incandescentes como un aerosol).

El patólogo, prosiguió con su explicación:

The toxicological analysis shows huge concentrations of puffer fish's and Datura stramonium's toxins (El análisis toxicológico muestra enormes concentraciones de toxinas de pez globo y de Datura stramonium).

Scopolamine (Escopolamina) —dijo el oficial Fritz a mi lado.

Maldición, no pensé lo más obvio. Estos tipos fueron drogados con burundanga, y luego se aprovecharon de la disociación de conciencia para doblegarlos a su voluntad:

There is no magic in this, only the wickedness of the human being (No hay magia en esto, sólo la perversidad del ser humano) —pensé en voz alta.

Magic? (¿Magia?) —preguntó el patólogo sorprendido.

Sorry, I was just thinking out loud. You're a man of science, I understand how stupid it must have sounded (Lo siento, sólo pensaba en voz alta. Usted es un hombre de ciencia, comprendo lo estúpido que debe haber sonado)

Yes, I'm a man of science, but I'm not stupid either, you have to respect magic, my work has shown me things that you would not believe (Sí, soy hombre de ciencia, pero tampoco soy estúpido, a la magia hay que tenerle respeto, mi trabajo me ha mostrado cosas que usted no creería)

I don't imagine (No imagino) —respondí de forma jocosa.

A pesar de la constante presencia del oficial Fritz, la visita al patólogo fue más que fructífera. Ahora comprendo que me enfrento a un lunático que droga la gente para tomar su control. ¡Hm!, es un día normal supongo. Me vale un descanso de demonios y ángeles, pero el hecho de que un humano esté detrás de todo esto complica las cosas.
Con la vela aún en mi poder me dirigí al hotel, donde me sumergí en mis pensamientos para intentar deducir algo más que utilidad que estuviera en mi mente, que no hubiera sido accesible de forma instantánea. Algunas veces, es bueno escarbar en la mente para encontrar respuestas… sólo algunas veces. El resto del tiempo sólo te encuentras con basura, una tonada pegadiza, o el maldito recuerdo del video de aquellos ratones peleando. Una sonrisa involuntaria se dibujó en mi rostro en aquel momento, era algo ridículo, innecesario, pero me recordó el tiempo que solía trabajar acompañado. Pero eso es historia antigua, no tengo tiempo para la nostalgia.
El sol se ocultó, y ya era cerca de la medianoche. Salí del hotel. Esta vez llevaba conmigo una linterna, es una pérdida de Cor usar magia para algo tan trivial como iluminar el camino. Caminé en medio de la zona urbana hasta llegar al cementerio principal, salté la reja y comencé a buscar la estatua de la virgen María.
Qué mezcla tan pintoresca de creencias, esta gente cree en el vudú y también en el catolicismo, asumo que es por la mezcla de la cultura francesa, africana y latina. Ah, Dios, es como esos animales mitológicos imposibles, una quimera de creencias, con el cuerpo de un avatar animal, la cabeza de un muñeco de trapo con el rostro de la virgen. Irónicamente, sus creencias tienen sentido, aunque posiblemente no de forma tan literal.
Logré encontrar a tiempo la estatua, no quería llegar tarde a mi cita. No sé quién sería la mujer con quien me encontraría, pero sí Legba se había tomado tantas molestias en arreglar esta reunión, debía ser importante.
Coloqué la vela a los pies de la estatua, y al momento de encenderla ésta despidió un agradable olor a miel de abeja, frambuesa y esencia de rosas. El humo despedido formó una silueta la cual, inundada por la luz de la luna llena, formó el cuerpo de una mujer cubierto en velos de novia.
Sus rasgos eran finos y delicados, su cabello crespo de tonos castaños, ojos color miel, maquillada ligeramente con labios color negro que contrastaban fuertemente con la pintura blanquecina en su rostro. Su piel era del color de la canela y su figura estilizada como un reloj de arena.

—Paul Morgan, llegas tarde.

—Elegantemente, Maman Brigitte —le respondí, mientras hacía una reverencia.

—¿Samedi te obligó a venir?

—Madame, no puedo negarlo.

—Ese maldito, de haber conocido su personalidad antes, no me hubiese casado con él

—Existe el divorcio, mi Señora.

—Quizá para ustedes los mortales. Nosotros entrelazamos almas, una vez unidos no podemos separarnos.

—Madame, no quiero sonar insolente, pero creo que estoy escaso de tiempo, y necesito respuestas.

—No es mucho lo que puedo ayudar. Sólo puedo decirte que alguien intenta traer un demonio antiguo.

—Pues —maldita sea, ángeles y su maldito lenguaje críptico—, puedes decirme algo que me sea… no lo sé… de utilidad.

—No puedo llevarte directamente con él, sólo puedo decirte que rodeando la costa encontrarás un animal rosa. Síguelo y te llevará con el causante —dijo, mientras su cuerpo comenzó a evaporarse como si se tratase del mismo humo de la vela.

—¿Un trozo de animal rosa? Mierda, podría ser cualquier cosa…

Luego de varios minutos caminando en la obscuridad, vi a lo lejos el hotel alumbrando como una antorcha, ardiendo con tal fuerza, que las cenizas cayeron en mi dirección.

—¿Qué mierda está pasando?

Continúa…

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12.8.20

Crónicas de Paul Morgan #8



"El Lamento de los Desposeídos" (Parte 2 de 10)
Historia: RH Herrera


II: Mishka.

Puede que no haya sido una buena decisión ocultarle el hecho de que aquellos hombres no era muertos, si no pobres almas controladas fuera de su voluntad, pero, a través de su apariencia y de la información que obtuve, puede determinar que no es el tipo de persona que se encontraría cómoda al enterarse que había cometido asesinato:

—¿Acaso me has estado siguiendo? —le pregunto. Es en extremo conveniente que una persona con notorias habilidades sobrenaturales se encuentre en un sitio como éste, al mismo tiempo que yo.

—¿Seguirte? —preguntó confundida—. ¿Por qué habría de hacerlo?

Era notorio su acento, si bien hablaba en perfecto español, se notaba que no llevaba mucho tiempo hablando en esta lengua.

—Pues, no puedes negar que es sospechoso, una invocadora extranjera y su familiar, se encuentran con un “forastero” en medio de la noche, y da la casualidad, que ambos hablan español.

Ella, asombrada, agregó:

—¿Familiar? ¿Acaso puedes ver a Mishka?

—Si es el nombre del guardia que te acompaña, sí.

—¿Qué? Tenía entendido que sólo los invocadores podíamos ver a los familiares.

—Pues, lamento sacarte de tu burbuja, pero no es así —continué apuntándole con el arma, a pesar de que ella no mostraba una actitud hostil—. Ahora, ¿por qué me seguías?

—No estaba siguiéndote —insistió—. Recibí una invitación, de un hombre desagradable, al cual le debía un favor.

Sabatte, pensé. Tiene sentido, ese maldito bastardo no confiaría todo su juego en una sola mano. En aquel momento me sentí aliviado, bajé mi arma y suspiré:

—Déjame adivinar, un hombre negro, con un puro la boca, una botella de ron, y rodeado de mujeres, ¿me equivoco?

—No, esa es exactamente su descripción.

—Mierda, ¿qué mierda le pediste para que te hiciera viajar de… India… hasta acá?

—No debe ser muy diferente a lo que le habrás pedido —respondió evasiva, para luego soltar una sonrisa nerviosa—. ¿Eres un sacerdote o algo?

—Algo… —respondí—. Disculpa, pero, no me siento muy cómodo conversando con alguien sin nombre.

—Cierto, lo lamento —dijo, manteniendo su nerviosismo—. Mi nombre es Lakshmi Chopra, soy sacerdotisa de Kalika, ¿y tú?

—Morgan.

—Morgan… ¿Morgan qué?

—Sólo Morgan.

Guardé el arma en mi chaqueta, le di la espalda y continué mi camino en dirección al hotel. Ella me siguió. Luego de unos minutos volteé y le dije:

—¿Que no tienes nada que hacer? ¿Por qué carajos me sigues?

—No estoy siguiéndote —respondió ella—. Sólo vamos en la misma dirección.

—Bien, ¿podrías decir a qué dirección vas?

—Al hotel Cubanito —mierda, realmente se está hospedando en el mismo lugar.

—¿Y tienes que hacer precisamente por este camino?

—La verdad, no conozco mucho la ciudad, creo que me sentiría algo más segura con un poco de compañía —es raro escuchar esas palabras de una persona que acaba de destrozar a tres hombres utilizando un mantra.

—Bien, pero haremos el viaje en silencio.

Debo aceptar que fue sorprendente, de verdad se mantuvo en silencio todo el viaje. De no ser por aquel animal fluorescente, habría olvidado su presencia. Tiene sentido, parte del entrenamiento de los sacerdotes Kalika es pasar largos periodos de tiempo, días, meses, hasta años en completo silencio, es una de sus formas de alcanzar lo que ellos llaman, iluminación.
No soy quién para juzgar las creencias religiosas de la gente, pero he visto a hechiceros alcanzar la iluminación de formas menos… decorosas. Algunas de ellas involucran la decapitación de gallinas.
El resto del viaje transcurrió sin novedad. Al llegar al hotel la chica hindú habló por primera vez:

—Gracias por la compañía —dijo en tono cordial—. Tal vez, ya que ambos tenemos el mismo objetivo, podríamos investigar juntos.

—Olvídalo —respondí—. Trabajo mejor solo.

—Comprendo —era palpable la resignación en su voz—. Pero sí cambias de opinión, estoy en la habitación 25.

—Tomo nota.

Me separé de ella en la recepción y me dirigí a las escaleras. El hotel Cubanito es un lugar obviamente diseñado para turistas. Su estética rompe completamente con el resto de la ciudad, es hermoso a su estilo. Su arquitectura intenta representar las construcciones coloniales en Cuba, paredes pintadas de blanco, detalles en madera, departamentos como favelas, rodeado de palmeras, cielos… hasta parece que les hago publicidad. La verdad, yo me siento cómodo con una habitación privada, y poder ponerle cerrojo la puerta.
Entré a mi habitación, y luego de tomar una ducha, tomé mi teléfono y procedí a marcar a Julio. Luego de varios intentos sin obtener respuesta, me dirigí a mi segunda opción de contactos. Esta vez, el tono de marcado culmina en una respuesta:

—¿Qué carajos quieres? —respondió una somnolienta voz femenina.

—Lavy, ¿cómo estás?

—Mierda Morgan, desapareces por meses, y cuando por fin llamas, ¿sólo es para preguntar cómo estoy?

—Lamento molestarte —dije en tono sarcástico—, pero Julio no me responde.

—Será porque son las 4 de la mañana, malditas sean.

—Disculpa, estoy en otro país, no tenía idea de la hora que era allá.

—¿Dónde estás?

—Puerto Príncipe.

—¿Haití? ¡Mierda Paul!, es la misma zona horaria, llamaste a esta hora adrede, ¿si sabes que estoy casada?

—Lavy, no interesa tu vida sentimental, no me interesaba cuando éramos compañeros y menos ahora. Necesito información.

—¡Carajo!

—Necesito que me envíes toda la información que tengas sobre los sacerdotes de Kalika.

—¿No sabes usar Google? … Vale, dame un segundo.

Se notaba extrañamente irritada. Igual, trabajo es trabajo.

—Bien —respondió tras unos 30 segundos—. Acabo de enviarte un link por WhatsApp, dime si logras verlo en tu teléfono.

Luego de tocar el hipervínculo, me llevó a una página de videos en internet:

—Te has equivocado, acabas de enviarme un video de dos roedores peleando por lo que parece ser un churro.

—Disculpa, es un video que mandó mi hermana, aún estoy algo dormida, porque sabes, ¡son las putas cuatro de la madrugada! —tras otro par de segundos, esta vez sí me envió el correcto—. Paul, ese documento es la información restringida de O.M.E.N. Al parecer los cultistas de Kalika han estado en nuestra mira hace tiempo.

—Comprendo.

—Parece ser que estos tipos han estado metiéndose en asuntos fuera de su jurisdicción.

—Eso explicaría que hace esa sacerdotisa haciendo tratos con Sabatte.

—¿Sacerdotisa? ¿Hay una nueva chica Bond? —preguntó con sarcasmo.

—No, sólo es una extraña hindú con una civeta fosforescente, que descuartizó a un grupo de presuntos no muertos.

—¿Has vuelto a consumir LSD?

—No. Gracias por la información.

—No hay de que, si estoy dispuesta ayudarte, pero, ¡para de llamarme a esta puta hora!

Corté la llamada. Con la información en el celular me recosté sobre la cama y comencé a leer.
Al parecer, era un grupo de asesinos de la Edad Media que adoraban a la diosa Kali. Tenían entre sus filas a musulmanes e hindúes, compartían algunas características con la mafia en sus inicios, pero, por lo visto esta rama criminal era sólo una vertiente y no necesariamente representaba la ideología del grupo completo.
Lamentablemente, la historia presta más atención a aquel grupo sectario que se dedicaba a matar gente, dejando de lado a los sacerdotes guerreros que se dedicaban a cazar daitias (demonios). Básicamente, son un grupo de exorcistas, cuya base ideológica nace de la adoración a su diosa bélica. Ello explica lo extremo de sus acciones, y el uso de magia oscura para completar su objetivo. Es probable que ellos mismos no sepan la raíz demoníaca de sus habilidades.

Me encuentro en un sitio rodeado de luz, una luz potente, tanto, que me siento abrasado por un calor que quema. Apenas si puedo abrir los ojos. Frente a mí, claros como el brillo de una piedra de jade, dos enormes ojos verdes, sus ojos. Estiro mi mano para alcanzar su rostro y grito su nombre: —“Alexa”.

Despierto en mi cama, empapado de sudor. La luz del sol de la mañana golpea directamente mi cabeza, y duele, como si tuviese resaca. Mis ojos y mi boca se encuentran resecos. Me levanto apenas móvil, arrastro mis pies hasta el baño, echo a correr el agua, ésta sale turbia y de un color marrón caoba. Inhaló, veo mi rostro en el espejo —maldita sea, se van notando los años—, vuelvo mi vista al agua. Tras un rato, está comienza a aclararse, y luego se vuelve transparente.
Esa mañana fue algo infructífera. Al parecer, las desapariciones son bastante comunes, tanto de seres vivos como de cadáveres.
Caminé por el barrio negro de Puerto Príncipe. Es una pequeña feria, tal como la que existiría en cualquier ciudad, mas, esta es especial, debido a que, en vez fruta y alimento, venden insumos para magia negra. En cualquier otro país, sería considerado tabú, esoterismo barato en el mejor de los casos, pero en esta parte del mundo, la gente se toma el ocultismo bastante enserio.
Desde frascos con polvo de pez globo, hasta pene seco de tortuga, cosas más raras he visto a la venta. Si bien la mayoría de las cosas son pura basura, a ojos de un conocedor, se pueden detectar ingredientes infalibles para el ritualismo.
Caminé entre puestos, e ingresé por un pequeño callejón que me llevó una habitación oscura, adornada con cazadores de sueños desde el techo, algunos hechos con pequeños huesos de animal, otros también usando su piel. De entre las sombras y tras una cortina de humo de tabaco, apareció un hombre negro con el rostro pintado en blanco, camisa de seda color lila, abierta, dejando al descubierto un tatuaje de una calavera con una serpiente en la boca, impreso justo en medio de su pecho, un sombrero de copa que tenía como adorno el cráneo de una gallina y con el resto de sus huesos componiendo la circunferencia de este.
Aspiró con fuerza de la boquilla de la pipa de agua que tenía a su lado, y un fuerte olor a tabaco y pasto seco quemado inundó el lugar.

—Ou lwen lakay ou, stranger (Estás lejos de casa, forastero).

—Lo lamento, no entiendo su idioma.

—Español —dijo, con un notorio acento francés—. Pero no pareces latino.

—Es increíble como todo el mundo acá parece hablar un idioma, ya sea español o inglés.

—Que esperabas patnè, estás en una zona turística. la mayoría de los que vienen a probar un poco del puerto son gringos o latinos. Hablar inglés o español es parte de nuestra sobrevivencia.

—Es completamente razonable. Me asombra que el acento es apenas perceptible.

—Ja, patnè, los turistas se sienten superiores, vienen a este país “tercermundista”, para sentir lo avanzados que son. Creen que somos pobres, infelices, vulgares y hasta estúpidos, y he aquí, patnè, que alejados de cualquier educación, viviendo en medio de la mierda y la miseria, hablan fluidamente doce lenguas, y tú, mi buen patnè, con toda esa educación, con todos esos privilegios, apenas si logras entender las cosas que te rodean.

—Créeme, entiendo mejor de lo que piensas las cosas que me rodean.

—Ah, patnè, que puedas verlas no significa que puedas entenderlas.

Algo raro tenía este sujeto, no sólo por su excéntrica apariencia. Sabía de mis ojos aún antes que se lo contara:

—El Barón del cementerio, imagino.

El tipo sonrió, hizo una pequeña reverencia y luego dijo:

—Paul Morgan, exorcista, mercenario, y como yo, un paria. Encantado de conocerte.

—Extrañamente, creo que el sentimiento es mutuo.

—Bien, patnè, es mejor que conozcas mi nombre. Soy Legba Guédé, pero los paisanos me llaman Papa Legba.

Continúa…


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