8.7.20

O.M.E.N.: The Wall #3




Les presentamos un nuevo número de la serie "O.M.E.N.: The Wall", y como es habitual, en tamaño extra! 

En este capítulo conoceremos un poco más los antecedentes del equipo del TSC y sus distintos miembros, mientras vemos como avanza el misterioso "Proyecto K40r1"... pero, ¿qué jugada hará el espía? ¿Cuál es su objetivo?. Y más importante aún, ¿cuál es su identidad?.

Misterio, ciencia, espionaje y un oscuro humor de la mano del autor RH Herrera. Encuentra este nuevo número de la historia "Atom Heart Mother" en formato PDF en el siguiente link:








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1.7.20

O.M.E.N.: The Wall #2




Llega el día de un nuevo número de la serie "O.M.E.N.: The Wall", y como será habitual en cada número, viene en tamaño extra! 

En este capítulo veremos la accidentada presentación de Roger Wolf con el equipo del TSC, mientras intenta ayudarles a desentrañar el misterio de la extraña esfera encontrada en el mar, usando todos sus talentos combinados. Además, la sorpresiva visita de uno de los directivos de O.M.E.N. revelará una nueva complicación para el equipo ¿Qué descubrirán y cómo enfrentarán este caso único en su historia?

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24.6.20

O.M.E.N.: The Wall #1





Comienza una nueva serie regular, la primera que publicamos en que cada número tendrá tamaño extra! En ella, conoceremos historias protagonizadas por los miembros de la Organización Mundial para Eventos Notables (O.M.E.N.), coloquialmente conocida como "The Wall".

Posterior a la guerra contra el Imperio, la influencia y el alcance de O.M.E.N. en el mundo ha crecido, y el trabajo de sus distintas divisiones se ha intensificado. En esta primera historia, escrita por el autor RH Herrera (Mirox Zero: Paul Morgan), conoceremos el misterio de una extraña esfera caída a la Tierra, y el trabajo de los miembros del TSC para descubrir su origen. ¿Qué descubrirán sobre ella? ¿Qué obstáculos enfrentarán? ¿Y qué clase de ayuda necesitarán?

Una historia de misterio, ciencia, espionaje y un pequeño toque de humor. No te pierdas el primer número de la historia "Atom Heart Mother"! Encuéntrala en formato PDF, en el siguiente link:









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21.6.20

Defensores Unidos #6


Nuevo Edén (3 de 3)
"Incidente Internacional"
Historia: RXM

I

Los ataques de Firice alternaban entre ráfagas de fuego y hielo, de acuerdo a la composición de su cuerpo. Lady Star los resistía con un campo de fuerza telekinético, pero no lograba tomar la ofensiva ante la seguidilla de impactos que tenía que rechazar.
A pocos metros de las lideresas de ambos equipos, Blackbird recibía trozos enormes de roca y tierra que Quake le lanzaba al cuerpo, y también usaba un campo de fuerza generado por sus habilidades para contenerlas.
Por su parte, Megabot trataba de esquivar los golpes que le lanzaban en paralelo Gorilla con sus fuertes y enormes puños, y Gore con sus filos hechos de su propia sangre.
En paralelo, Sonic Man aceleró y golpeó a cada uno de los defensores, para luego dirigir su atención a Herbert Talbot, quien en medio del caos del combate intentó escabullirse pero no avanzó demasiado: el vehículo de transporte de los miembros de O.M.E.N. llegaba al lugar, y todos ellos fueron informados telepáticamente de la situación por Lady Star.

—"Él es el asesino" —oyeron los agentes, directamente en sus mentes—. "Hay que atraparlo, para juzgarlo antes de que Destructor lo asesine".

Así, apenas bajaron, los agentes se movilizaron con prestancia, se acercaron a Talbot, lo redujeron y comenzaron a llevarlo hacia el vehículo.
Sonic Man corrió hacia ellos, pero en ese momento Lady Star forzó sus habilidades al máximo y con un impulso telekinético derribó a Firice y desestabilizó la carrera del velocista, que fue a dar contra la pared de otra de las construcciones del sector.
Los agentes de O.M.E.N. lograron llevar al prisionero hasta su vehículo, pero antes de que todos alcanzaran a entrar en él, un gran trozo de metal llegó volando hasta ellos, lanzado desde el interior de la vivienda. Destructor se había puesto de pie y estaba enojado.

—Me lo van  a entregar, ¡por las buenas o por las malas!

Apenas los agentes intentaron alcanzar sus armas para atacarlo, Destructor se movió a toda velocidad y comenzó a golpearlos uno por uno en muy poco tiempo, derribándolos. En su mano izquierda llevaba el largo cuchillo de la armadura de Caín, por lo que solo usó su mano derecha para golpearlos con su enorme fuerza y velocidad.
Los defensores estaban demasiado ocupados combatiendo a La Resiliencia, por lo que no pudieron detenerlo cuando tomó a Herbert Talbot y se elevó, alejándose con dirección a la Torre del Conocimiento.

II

Superados en número, Lady Star, Blackbird y Megabot no lograban sacarse de encima a los miembros de La Resiliencia. Lady Star, aún a la mitad de sus capacidades tras su participación en la guerra contra el Imperio, había usado todo su esfuerzo en el ataque simultáneo a Firice y Sonic Man, por lo que ahora estaba siendo superada y golpeada por ambos. Megabot también resistía a duras penas los ataques de Gorilla y Gore, pero la desventaja numérica era demasiado para él, y era cuestión de tiempo que cayera.
Pero la esperanza volvió cuando Blackbird, molesto, concentró su energía, se movió rápido y con una descarga logró derribar a Quake. De inmediato se elevó y a distancia disparó otra descarga hacia Firice y Sonic Man, que los impactó de lleno, y luego distrajo lo suficiente a Gore y Gorilla, para que Megabot disparara desde sus cañones pequeños misiles y lásers sobre ellos.

—No podemos perder más tiempo, Destructor se llevó a Talbot, es capaz de todo —dijo Lady Star, preocupada.

Escuchando sus palabras, Blackbird decidió terminar con la batalla. Concentró toda su ira para que su poder creciera, y usó toda su energía para atacar en simultáneo a todos los miembros de La Resiliencia que se volvían a levantar en ese momento, lanzándolos a distancia y dejándolos derrotados sobre el suelo del lugar.
Así, tras un gesto de aprobación, los tres defensores partieron raudamente hacia el panóptico ubicado en el centro de la ciudad, al encuentro de Destructor.

III

En la plataforma en que aterrizó, Destructor lanzó al piso con rudeza a Herbert Talbot, el asesino llamado Caín. En ese momento le mostró el cuchillo de su armadura, el arma con el que había cometido los homicidios.

—¿Esto para ti es algo por lo que debiese agradecerte? —le preguntó, furioso—. Hablas de orden y usas este cuchillo para manchar mi sueño… eres un hipócrita.

—Espera un momento… —dijo Talbot, con la entonación de un reproche—. ¿Acaso tú no has matado antes, para lograr tus fines? No por nada eres considerado un villano…

—¡Pero no aquí, ni ahora! —se excusó Destructor, alterado—. Nuevo Edén es acerca de nuevos comienzos, limpios. No de sinsentidos como tus asesinatos… No mereces compasión.

Por primera vez hubo miedo en los ojos de Herbert Talbot, Destructor avanzó hacia él con decisión, y comenzó a concentrar energía luminosa en su mano derecha, mientras la levantaba.

—¡Hice lo que era necesario! —trataba de explicar el asesino, al ver tan cerca su final—. Este era mi experimento definitivo… con esta nueva sociedad, con tu reacción…

—¡¡Cállate!!

Destructor tenía la mano sobre la cabeza de Talbot, que sentado en el suelo solo esperaba el golpe, rendido.
Pero un potente y masivo rayo de luz roja impactó a Destructor, provocando su caída varios metros más allá, con un grito de genuino dolor y dejando un cráter en el piso. Talbot miró sorprendido a la figura que se materializó al instante en el lugar donde impactó ese rayo. Quasar estaba allí.

—Destructor. He recibido la instrucción de detener lo que haces.

IV

Blackbird, Lady Star y Megabot llegaron pocos minutos más tarde y vieron a Quasar al costado de Herbert Talbot, quien no se había movido ni un centímetro. Destructor recién se incorporaba, adolorido por el ataque de Quasar, que realmente lo había dañado. Todos estaban asombrados, ya que no era fácil provocar dolor en alguien tan poderoso como Destructor.

—¡Qué bueno verte aquí, Henry! —exclamó Blackbird con real alegría.

—Los demás vienen en camino, estarán aquí dentro de poco —explicó Quasar.

Los cuatro miembros de Defensores Unidos allí presentes se alinearon, preparados para la reacción del líder de Nuevo Edén, que ya se había incorporado. Sin el casco que solía portar, su expresión de ira podía notarse con claridad.

—Este imbécil es mío. Derramó sangre en mi país, y yo lo castigaré como se me dé la gana. No comprometerá este proyecto con sus experimentos sociales retorcidos.

—Sabemos lo que harás, Lance —le dijo Lady Star—. Apenas te dejemos a solas con él lo asesinarás y te pondrás a su nivel… ¿cómo vas a convencer así a las personas para que te sigan como su líder?

—Ya se los dije. Haré lo necesario… Si es provocando miedo, ¡que así sea!

Y dicho esto, cansado de debatir, Destructor voló hacia ellos, lanzando descargas de potente energía que impactaron a los cuatro defensores, y que les hicieron retroceder. Con la fracción de segundo que ganó, tomó a Talbot y trató de alejarse, pero Quasar lo tomó de su muñeca izquierda y no dejó que se moviera.
Destructor giró al instante y le lanzó un golpe al rostro, que impactó pero fue respondido casi de inmediato por otro golpe, continuando con el intercambio.
Blackbird se elevó para lanzar energía contra Destructor, pero este último reaccionó rápido y tomándolo del hombro, movió a Quasar frente a él para protegerse y que recibiera el ataque. Con esa distracción Destructor tuvo tiempo de elevarse y golpear también a Megabot, que intentaba posicionarse para atacar, y luego subió más para combatir contra Blackbird.
Lady Star, ya desgastada por el uso de sus poderes más allá de su condición de convalecencia, se mantenía a duras penas de pie tras el ataque inicial. No podía hacer mucho en la pelea, por lo que se acercó a Herbert Talbot y lo obligó a caminar para refugiarse dentro de la Torre. Mientras entraba a ella, vio a la distancia algo que le devolvió la esperanza: la nave que transportaba a los miembros restantes de su equipo ya llegaba al lugar.

V

Los recién llegados se pusieron en acción apenas descendieron de la nave. Snowstorm y el Hombre de Fuego volaron para tratar de inmovilizar a Destructor, mientras Génesis y Rainbow se acercaron a Lady Star para constatar su estado.
En el aire, los defensores apenas lograban esquivar los ataques veloces de Destructor, que alternaba descargas de energía con golpes de puño. De vez en cuando las llamas del Hombre de Fuego y el viento gélido de Snowstorm lo impactaban, pero no eran suficientes. Hastiado de ellos, Destructor actuó con mayor decisión y en pocos movimientos golpeó a ambos, y los lanzó al piso, para luego apartar también a Blackbird. Una vez que impactaron, un poderoso ataque de energía golpeó toda la plataforma, que colapsó e hizo caer varios metros a todos quienes se encontraban en el piso.
Aprovechando el momento, Destructor voló hacia abajo. Tomó el cuchillo desde el suelo, lo puso en su cinturón, y sin parar siguió hacia adentro de la Torre, donde se encontraban Lady Star, Rainbow, Génesis y Herbert Talbot.

—Lance, detente. Podemos arreglar esto. No es necesario que muera sin un juicio. Podemos arreglar un acuerdo… —trató de conciliar Lady Star.

—Ya es tarde para eso. Su sentencia ya está definida. Y ustedes ya cruzaron el umbral atacándome a mí y mi equipo.

Sin perder un segundo más, avanzó veloz y golpeó con fuerza a los tres defensores, abriéndose paso para tomar a Talbot y elevarse. Rainbow logró mantenerse de pie para invocar un hechizo que inmovilizó a Destructor por unos momentos, pero este último, sin necesidad de hacer ningún movimiento, lanzó una descarga de energía desde el medallón de su pecho que derribó con violencia a Rainbow.
A continuación se elevó con Talbot en su poder, y atravesó los pisos que los separaban del techo de la Torre del Conocimiento, mientras que sólo Blackbird y Quasar pudieron seguirlo. Sin embargo, apenas quedaron a la vista de Destructor, éste apuntó con su mano libre y lanzó una enorme descarga de energía luminosa hacia abajo, que los cegó y los lanzó con mucha fuerza hacia el suelo, donde quedaron incrustados, asombrados por el poder de su oponente.
Viendo tal demostración de poder, Herbert Talbot se alteró, movido por un legítimo terror. Allí, en lo más alto de la Torre, más arriba del techo de aquel panóptico, trató de hablar y convencer a Destructor de no hacerle daño, pero sus palabras apenas salían de su boca. Así, asumiendo su fin, optó por desahogarse, hablando con más seguridad.

—¿Crees que seré la última amenaza que enfrentarás? ¡Ni te imaginas! Deberías partir por revisar los sistemas cibernéticos de tu ciudad… No sabes todo lo que puede venir en el futuro, cuantos conflictos enfrentarás después de mi…

—Cállate.

Y sin más, Destructor sacó de su cinturón el largo cuchillo extraído de la armadura de Caín, y lo enterró rápidamente en el vientre de Herbert Talbot, derramando un chorro de sangre al salir por su espalda.
Los defensores, exhaustos, miraron con horror la escena, y vieron que en el rostro de Lance Harrington no había ningún arrepentimiento. Ahora comprendían que no se detendría ante nada para proteger su proyecto, aunque tuviese que manchar sus manos para poner en práctica su propia idea de justicia.

—¡Váyanse de aquí y no vuelvan! —les gritó mientras descendía con el cadáver de Herbert Talbot en sus brazos—. Están en suelo sagrado. Vayan a seguir salvando su mundo podrido y dejen tranquilo a Nuevo Edén. Si vuelven, no me contendré con ustedes.

Todos los miembros de Defensores Unidos conocían el enorme poder de Destructor, que había rivalizado ya con un par de generaciones de héroes, y nunca había podido ser doblegado. No era una buena idea provocarlo a él, ni provocar un conflicto con su nuevo estado. Sólo Lady Star se atrevió a decir algo antes de dejar el lugar.

—Estaremos vigilando tus acciones. No te saldrás con la tuya en esto.

En esos momentos llegaba al lugar el equipo completo de La Resiliencia, ya recuperados de su lucha contra Defensores Unidos, y se alineaban alrededor de Destructor, preparados por si el conflicto continuaba. Ambos equipos se miraron fijamente, con rencor, sin disimular la frustración de las respectivas derrotas que habían sufrido, aunque en distintos momentos y por distintas razones.
Los defensores se encaminaron hacia la nave de transporte, que una vez que los tuvo dentro, se elevó y se dirigió a recoger a los agentes de O.M.E.N. derrotados en el combate en la ciudad. Luego, se alejó de los cielos de Nuevo Edén.

—Hoy fracasamos… —reconoció Blackbird, cabizbajo—. Tenemos que aprender a trabajar mejor como un equipo… Y ni siquiera pudimos averiguar algo más sobre este lugar.

—Tienes razón —complementó Nick Bradford, piloto de Megabot—. Vendrán otras amenazas así de fuertes… Y tampoco creo que esto sea lo último que sepamos de Destructor.


Epílogo.

Destructor encontró al grupo de científicos asesores con una actitud distinta. El entusiasmo habitual había sido reemplazado por introspección, probablemente inducida por el miedo. Por los crímenes, por el futuro, por él mismo.

—No tienen razones para preocuparse. El tema de Caín ya está resuelto, y el ejemplo servirá para evitar más casos en el futuro —dijo, convencido de que su decisión había sido la mejor—. De todas formas reforzaremos la protección de los civiles.

Los científicos guardaron silencio. Con la cabeza gacha, tomaban apuntes y preparaban sus labores, y prefirieron evitar cualquier tipo de cuestionamiento o confrontación. Ante ese silencio, Lance Harrington siguió hablando.

—Talbot dijo algo de los sistemas cibernéticos. Creo que deberían revisarlos. Quizá recibió ayuda, así que tendremos que estar preparados para todo… Además de eso, necesito que los expertos en robótica se pongan en acción. Tendrán trabajo, y será por el bien del país.

Luego de dejarlos, sin recibir ninguna objeción ni oposición, Destructor descendió hasta lo más profundo de su ciudad, hasta el subsuelo de la Torre del Conocimiento, donde avanzaban las obras de exploración de las ruinas de Walden Two, la destruida ciudad-laboratorio de Quimera Corp. Allí, se reunión con el equipo, y les dio instrucciones precisas. Tenía un plan.

—Debemos apresurar la extracción*. He oído lo que comienzan a hacer otros países con los metahumanos, y no nos quedaremos atrás. Construiremos un ejército.

—Pero… no tenemos suficiente gente aún en el país como para destinarnos a la milicia… —comentó uno de los asesores presentes allí.

—No necesitaremos más personas… —explicó Destructor—. Serán soldados sintéticos. Construiremos robots. No se cansan, no nos traicionarán. Y ya tenemos una fuente de energía para ellos. Usaremos el Diamante.

Fin… Por ahora.

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*ver en "Defensores Unidos" #4



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17.6.20

Animal #17


“Abran Paso a la Reina”
Historia: Zirijo

I

—Han pasado semanas desde que aquél rincón de Agartha se derrumbó —decía Garras I recordando lo que había sucedido en la entrada al océano, reteniendo vívidamente las rocas que se desplomaban sobre su rey y sus súbditos—. Animal debe de estar muerto…

—No te atrevas a repetir eso hermano… Animal vive —responde alterada Serani, prometida de Animal—. Y debemos esperar por su regreso.

—La gente está angustiada afuera —al ver por la ventana que da a la calle, Garras I se entera de una nueva manifestación de lo Agarthianos de la ciudad.

No han visto a su rey en mucho tiempo, y se angustian. Temen por su salud, pero las puertas del cubil real no son capaces de dar respuestas. Garras I le teme a las multitudes, sabe lo peligrosas que son.

—¿Estás seguro que los viste huir al agua? —pregunta Serani.

—No estoy seguro… si tan solo se hubiesen casado antes de desaparecer… nada de esto estaría pasando…

—Me preocupa más el paradero de Animal, que de tus asuntos de política —responde severa Serani.

—Pues mira por la ventana. Mis “asuntos de política” están afuera preguntando por su rey ¿Qué les vas a decir? La ley agarthiana no nos permite tomar ninguna decisión sin el rey… o reina.

—Yo hablaré con ellos —dice Serani, abriendo las ventanas del balcón que daba a la calle – los trataré de calmar.

—No, ¡espera!... —alcanzó a decir Garras I cuando ya Serani estaba afuera, pidiendo que la multitud callara.

—¡¿Dónde está nuestro rey?! ¡Queremos a nuestro rey Animal! —gritaban afuera. La multitud rugía, mugía y graznaba. Todos querían ver a su monarca.

—¡Gente de Agartha! —proclama ante la multitud Serani. Algunos ya la conocían de la revuelta contra Drilón, otros solo la consideraban la cortesana del rey—. Mi hermosa manada de fieles hermanos… nuestro rey no está… —dice Serani antes de ser interrumpida por los alaridos de la multitud.

La muchedumbre lo comentaba, pero nadie estaba seguro. Su ausencia era mal vista, sobre todo por su reciente nombramiento como rey. Todos estaban alterados.

—…Pero ese no es motivo para perder la calma —continua—. Debemos esperarlo, con paciencia, con amor. Debemos respetar la ley que él respeta, los mandatos que él ha dejado, la confianza que ha puesto sobre mí, y todos ustedes. Su ausencia es una muestra de confianza… él confía en nosotros.

II

La multitud estalla en furia. Nunca fueron consultados, nunca fueron avisados. Serani no podía decirles que Animal estaba desaparecido, era demasiado arriesgado.

—¿Estás loca? Esta gente puede causar un gran problema —le susurra Garras I desde el interior de la habitación a su hermana, que estaba tratando de darle explicaciones a una turba de agarthianos enfurecidos.

—Es lo único que podemos hacer… ser honestos con ellos —responde ella.

—¿Honesto? Tú no sabes cómo se manejan las cosas desde dentro de este cubil…. Regresa adentro antes de que te empiecen a lanzar rocas, y resultes lastimada.

—¡No tienen que temer! —sigue Serani, tratando de calmar a la multitud—. Somos gente de honor. Podemos llevar esto con calma y fieles a nuestro rey…

—¿Dónde está él? —vocifera alguien entre los presentes. Los demás también quieren saber la respuesta a esa pregunta.

Un instante de duda cruza por el pensamiento de Serani ante el silencio de la turba, pero es ese mismo silencio, el que le permite hablar.

—No lo sé… pero donde sea que esté, espera que sus vasallos nos comportemos según la ley que juró cumplir.

La respuesta es suficiente para calmar la turba, pero no las dudas de la multitud, que se desarma. La plaza nuevamente está libre para ser transitada… pero son los rumores y calumnias las que corren por ella. Todos en la ciudad principal hablan de la ausencia de Animal. La noticia viaja por los túneles junto a los comerciantes, hasta los límites, donde los soldados hablan de eso, y los prisioneros escuchan. Uno en particular toma suma atención a las conversaciones. Es Drilón, que sin el rey para decidir, es enviado a trabajar en las canteras de Agarthita. Una mueca invade su rostro, son malas noticias para Agartha.

III

—¿Cuánto tiempo lleva esta revuelta? —pregunta Serani a su hermano Garras I, que regresa de una reunión con las Familias de Agartha.

—Todo lo va que del día. Todo comenzó cuando decidiste hablar con esa gente hace dos días Serani… si no fueras tan terca…

—Llévame con ellos —le pide Serani a su hermano, que no termina de hablar.

—No puedo llevarte con las Familias, Serani, es contra la Ley de Agartha.

—Entonces romperemos la Ley… hay que evitar que Drilón tome nuevamente Agartha.

—Es imposible que lo haga… con picotas y palas —responde Garras I, paseándose por la habitación de Serani.

—Lo logrará si es que logra llevar a los guardias como rehenes hasta la zona oscura, y liberar a sus seguidores.

Garras I la mira desde abajo, intentando tomar algo para los nervios, de una de las jarras que estaban a disposición para Serani.

—Vamos —decide, emitiendo una respiración fuerte.

Una vez con las Familias, Garras I logra que los representantes de las distintas provincias que componen Agartha reciban a Serani. Esta les habla.

—Permítanme solucionar esta situación… fue mi culpa.

—Nosotros advertimos a Animal que esto de llevar tan lejos a los prisioneros se transformaría en un problema —dice Antenas IV, de la Colmena.

—Permítanme entonces enmendar el error que ha cometido Animal… Sé que puedo detenerlos, antes de que logren llegar a la Zona Oscura.

—¿Y cómo sabemos nosotros que usted señorita Serani, tiene las competencias para detenerlos?

—Porque yo lo secundo —dice Mañke, que estaba presente silencioso en la sala—. Serani estuvo con nosotros en el enfrentamiento que tuvimos con Drilón en la Zona Oscura. Ella lideró a los presos que atacaron por la retaguardia del enemigo, y permitió que mis hermanos alados y yo lográsemos llegar a tiempo.

—Gracias… susurró Serani.

—General interino Mañke, usted es quien debe guiar a nuestras fuerzas de orden.

—Lo sé, Madame Ha’wk, es la responsabilidad que el rey Animal ha puesto en mis hombros. Pero necesito a alguien de confianza que lidere desde el suelo.

Los miembros del consejo se miraron, sin tener una nueva excusa para impedir el deseo de Serani.

Ella, montada sobre un topo de montar, lidera a las tropas terrestres, mientras que Mañke extiende sus alas junto con los “Hermanos Ave” de la Jaula, avanzando hacia las remotas tierras del límite. El límite está más allá de las Puertas del Sol, muchos más lejos de lo que cualquier agarthiano haya llegado.

Junto con Serani va Garras I, que es enviado por las Familias para ser sus ojos en la situación. Montan el mismo topo ambos hermanos.

Los “Hermanos Ave” se adelantan y traen de regreso información de la situación más adelante.

—Me informan que los presos son liderados por Drilón, como sospechábamos, y cuentan con sus herramientas y las armas de los guardias que los custodiaban, para defenderse —informa Mañke a Serani, planeando muy cerca del suelo.

—Bien, entonces será un enfrentamiento frontal —concluye—. ¡No se detengan, ataquen directamente!

Los topos se lanzan en contra de las barricadas que habían preparado los presos, y comienza el contraataque. Los escudos agarthianos están compuestos por una aleación ligera de Agarthita, acero y madera, pero resisten bien la mayoría de los golpes que reciben por parte de los revoltosos.

Serani y Garras I avanzan buscando a Drilón, pero este los espera con una emboscada. Se lanza sobre Garras I y se pierden dentro de la conmoción.

El grito de impotencia de Serani resuena en el área, mientras Drilón amenaza Garras contra uno de los muros cercanos.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta Garras I—. No vez que es inútil, Drilón.

—Animal no está, Garras I…. se me está acabando la paciencia… Creo que tengo algunas sugerencias para ti… —dice Drilón, con una extraña mueca en su hocico.

El alboroto de la revuelta irrumpe en la conversación que tiene ambos. Los golpes de herramientas contra escudos, y los gritos de dolor de los prisioneros al ser heridos por los soldados se interponen entre Garras I y Drilón.

—Tú… tú no eres Drilón —concluye Garras I—. ¿Quién eres tú?

—Un invitado en su cuerpo… un sobreviviente sumamente impaciente.

IV

Una lanza se clava justo a un costado de su hermano y el líder de la revuelta. Este se vuelca y ataca al topo en el que monta Serani, autora del disparo.

Esta salta del topo que agoniza, y da una pata fuertísima a Drilón por la espalda, lanzándolo a una distancia considerable.

—¿Estás bien? —le pregunta a su hermano en shock.

—Si… —responde apenas.

Drilón se incorpora, pero Serani le embiste, y desenfunda una espada, preparada a llegar hasta las últimas consecuencias de la batalla. Pero Drilón se arrodilla, y levanta los brazos. Mira como Serani se detiene y con una mueca torcida se burla de Garras I, que lo mira horrorizado.

Los prisioneros vuelven a la Zona Oscura de inmediato, encadenados. Drilón se niega a hablar, y es confinado al aislamiento.

Luego del conflicto, Serani es envestida con poderes especiales dentro de la corona, por participar y ayudar de buena fe en mantener el orden y los dictámenes del rey en su ausencia.

—¿Qué sugiere que hagamos, cónsul Serani? —pregunta el Concilio de Familias Agarthianas a la premiada prometida del rey.

—Continuar con los designios de Animal. Confío plenamente en sus planes, y si él quería que la Agarthita fuese explotada en los límites de Agartha, así será.

—Tenemos otra orden real, que muchos han pasado por alto… Animal ordenó que cada agarthiano fuese instruido en una lengua muy extraña. Él mismo ha instaurado un alfabeto, lleno de modismos y letras imposibles ¿Usted estaba enterada de eso? —es consultada Serani.

—No estaba al tanto Madame Ha’wk, pero si el rey lo designa, entonces continuaremos con sus órdenes.

—Bien. ¿Y qué haremos con la situación de desaparición del rey? —pregunta Mañke ante el consejo reunido.

—Lo buscaremos. Exploraremos cada rincón de Agartha, sus túneles, las provincias y los alrededores, más allá de los límites, hasta encontrar a Animal —determina Serani, fiera y decidida—. Vamos a encontrar al rey si o si, y lo traeremos de regreso.

V

En una oscura celda sumergida en lo profundo del Océano Atlántico, formada de rocas y corales, está un prisionero dado por desaparecido.

—Los únicos que pueden entenderte son los soldados rasos, bestia —critica un comandante de alto rango, encargado de aquella prefectura submarina—. Dile que despierte, soldado.

—Despier… —dice un soldado de bajo rango antes de ser interrumpido por el prisionero.

—Ya lo entendí… me costó semanas, pero ya puedo hablar su lengua —dice.

—JA, muy bien, entonces ya no necesitaremos a este “sangresucia” —responde el comandante—. Lárguese soldado, ya no lo necesitamos.

—Si señor —responde el soldado, algo molesto por el apodo.

—Quiero ver a mis súbditos…. Exijo verlos —ordena el malogrado y hambriento prisionero.

—Tu forma de presentarte y de llegar hasta territorios que no son tuyos, no es propio de un rey, como te haces llamar.

—Mis súbditos…

—Ellos están bien, ya hemos tenido prisioneros que respiran aire… no se preocupe por ellos, “alteza” —dice el comandante, sarcástico, mofándose de ese que estaba tras las rejas.

—Soy el rey Animal de Agartha, y exijo ver a Arcon II.

—Si su alteza, mañana verá a un verdadero rey… al rey de la Atlántida.


Continuará…


Epílogo.

Miles de kilómetros bajo tierra, se encuentra Agartha, un reino desconocido y antiguo, tan antiguo casi como el planeta mismo. En sus cercanías, vagando por túneles y galerías desiertas, el General Drilón, otrora opositor y golpista, rumia su nuevo plan, huyendo de las fuerzas del revoltoso Animal. Entonces encuentra algo. Algo que no estaba ahí antes.

Una cúpula ha aparecido, en una galería amplia y alta, ocupando los espacios como si hubiese sido pensada para ocupar ese espacio físico específico. Drilón penetra con cautela. La luz lo ciega un poco, pero lentamente vislumbra equipamiento científico de primer nivel. No lo sabe, pero ha sido trasladado mediante una bomba-agujero-de-gusano, manufacturada por los ingenieros de The Wall, siendo un único prototipo el utilizado (una jugada hecha con el corazón más que con la mente) por orden de Mark Campbell.

Al centro de todo, un hombre calvo, con el pecho ensangrentado y respirando apenas, ensucia todo el inmaculado inmueble. Este se percata de la presencia del agarthiano y le pide con señas que se acerque.

—…mátame… —le susurra cuando está a distancia suficiente.

Ni un segundo demoró en hundir sus dientes en la garganta del humano. Todos los recuerdos de Drilón se fusionaron con el extraño, Diarmuid, también llamado Mark Campbell, enterándose de sus planes y de una forma de volver a ver la luz del día, sin tener que pensar en una forma de activar la máquina de nuevo.


Reseña: “La ausencia del rey se hace sentir en Agartha. Algo está por suceder, que cambiará el rumbo de la aventura. Secretos revelados, enemigos invisibles”


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14.6.20

Defensores Unidos #5


Nuevo Edén (2 de 3)
"Contrato Social"
Historia: RXM


I

La estrategia del doctor Frazier para retener a los defensores y los delegados de O.M.E.N. no funcionó por más de dos minutos. Lady Star intentó acceder a distancia a la mente de Destructor, mientras ella, Blackbird y Megabot subían a través de la Torre del Conocimiento para alcanzarlo.

—Su mente es fuerte —explicó la telépata—. Sólo logro leer que piensa en alguien llamado "Caín".

—El mensaje aparecido en las pantallas de la red de comunicación de la ciudad estaban firmados por ese nombre, y hacían referencia a un contrato firmado con sangre… —reflexionó en voz alta Nick Bradford, piloto de Megabot.

Los tres defensores llegaron a la parte más alta de la Torre, seguidos por los delegados de O.M.E.N. Allí encontraron el piso, las grandes puertas y el mesón roto por la furia de Destructor. Pero también encontraron la escalofriante razón de esa ira: tres cuerpos sin vida y un mensaje escrito con su sangre en la pared, todo ello firmado por "Caín".
De inmediato, Blackbird apartó su vista de los cuerpos y al mirar por el ventanal del salón, alcanzó a ver a Destructor volando hacia algún punto de la ciudad.

—¡Miren! —dijo, señalando hacia allí—. Tenemos que descubrir lo que él sabe sobre todo esto.

—Es verdad. Lo seguiremos… sigilosamente…

Al decir eso, Nick Bradford apretó algunos botones digitales en el microcontrol ubicado en su muñeca. Desde su armadura robótica, que aún estaba en la nave en que habían viajado hasta allí, se abrió un compartimento, y surgió un pequeño dron espía con la instrucción de seguir a Destructor. De inmediato, el aparato voló hacia allá, transmitiendo directamente desde su cámara al visor de Nick, que ya se preparaba para activar a Megabot.

II

En la periferia de la ciudad, Destructor detuvo su vuelo y descendió raudo hasta una de las amplias viviendas del sector, que parecía vacía a simple vista.
Una vez dentro, se encendieron automáticamente luces que señalaban el camino hacia unas escaleras que descendían a un nivel subterráneo. Allí lo esperaban Firice, Quake, Gore, Sonic Man y Gorilla, los miembros de La Resiliencia*, a quienes había encargado la investigación sobre el terrorista llamado "Caín".

—Díganme lo que tienen.

—Tenemos un nombre: Herbert Talbot, psicólogo, miembro del círculo de científicos asesores —dijo Firice—. Encontramos en su residencia muchos textos que hablan del "contrato social" al que hacen referencia los mensajes, con la frase destacada. También parece ser un aficionado a temas bíblicos, y además encontramos esto… —y le extendió una fotografía en la que aparecía una maciza armadura con un enorme cuchillo con forma de cuerno en su brazo izquierdo.

—No tenemos la certeza de que haya trabajado solo, pero es muy probable que haya recibido algún tipo de ayuda… —complementó Quake—. Pero seguiremos in…

—No hay tiempo —lo interrumpió Destructor—. Ya cumplió sus amenazas y derramó sangre. Le haré una visita.

Dicho eso salió nuevamente lleno de prisa, iracundo y decidido.

—¡Espera! —exclamó Firice, pero no se detuvo ni dio indicios de haberle prestado atención—… ¿qué debemos hacer nosotros?

—Está Defensores Unidos en la ciudad… —dijo Gorilla con cierto nerviosismo.

—Creo que debemos permanecer cerca de Destructor. Parece estar decidido, y nos necesitará —respondió Quake.

—Y si está Defensores Unidos… —concluyó Sonic Man, con un notorio desprecio—, mayor será el problema.

III

El dron seguía transmitiendo cada movimiento de Destructor que captaba a la distancia. Nick le explicaba todo lo que veía a sus compañeros, mientras se dirigían al encuentro de Destructor en algún otro lugar de la ciudad.

—Perdí la visual un momento, cuando entró a esa residencia en la periferia, pero al salir se dirigió directamente hacia el sector que nos dirigimos.

Megabot avanzaba en su modo motocicleta, mientras Lady Star y Blackbird volaban sobre él. Los miembros de O.M.E.N. se habían quedado atrás, registrando toda la información que pudiesen sobre los crímenes y el modus operandi del responsable. Los defensores estaban decididos a encontrar al autor y detenerlo.

—Estaba segura que no podía ser todo perfecto en este lugar, nada bueno sale de donde está involucrado Destructor —aseguró Lady Star.

—Siento una gran furia en él —señaló Blackbird, usando sus poderes empáticos a distancia—. A lo que sea que se dirige en ese lugar, no se va a contener.

Preocupados por esta última aseveración del joven defensor, los tres aceleraron en dirección a su destino y comenzaron a hacerse la idea de que lo que venía no sería pacífico. Así, pensando en ello, Lady Star abrió la señal de su comunicador, y envió un mensaje que le pareció pertinente.

—Atención, cuartel general de Defensores Unidos. Necesitamos refuerzos en Nuevo Edén… Necesitamos al equipo completo.

IV

Destructor forzó la entrada de la residencia registrada a nombre de Herbert Talbot. Comenzó a buscarlo en las habitaciones del lugar, y mientras lo hacía encontró algunas de las cosas que La Resiliencia le había comentado: la armadura manchada con sangre fue lo que más llamó su atención.
Siguió con su búsqueda y ante el ruido, el hombre salió desde un dormitorio, secándose el cabello con una toalla. Su primera expresión fue de sorpresa, pero luego dio paso a una mirada fría, casi de satisfacción.

—Vaya, te tomó menos tiempo del que pensé.

Destructor lo reconoció como uno de los miembros de su círculo de asesores científicos, pero sólo uno más, nadie especial. La sorpresa del encuentro y la agitación provocada por la furia que sentía, le impidieron decir algo coherente antes de que Talbot continuara hablando.

—Deberías agradecerme —comenzó diciendo—. Gracias a todo esto tu país prosperará y crecerá, será más fuerte.

—¿Qué diablos estás diciendo?

—¿No lo entiendes? La historia tiene muchas lecciones que deberías conocer —explicó con un tono de soberbia—. Todos los estados del mundo se han construido sobre la sangre derramada. Dime, ¿has leído alguna vez acerca del "contrato social"?

Destructor estaba descolocado. No entendía la relación de esto con las amenazas y los crímenes cometidos por este "Caín". El hombre continuó su monólogo.

—Imagino que no mucho… Pues, en palabras simples… cada estado requiere un pacto con sus ciudadanos. Es lo que nos da el orden social, nos aleja del salvajismo, nos protege de la barbarie… Y yo te he dado una razón, me he convertido en un símbolo sobre el cual puedes elaborar tu pacto y validar tu autoridad, en el enemigo común contra el cual unir a tu población. Gracias a mi tendrás tu contrato social.

—Estás completamente loco —le dijo Destructor con desprecio—. ¿Esa es tu excusa para derramar sangre en este suelo? ¿¿En MI suelo??

Temblando de rabia, se abalanzó hacia el autodenominado Caín y lo tomó del cuello. Pero justo en ese momento, el ruido de la repentina destrucción de una puerta lo distrajo y lo detuvo. Lady Star, Blackbird y Megabot ya estaban allí.

V

—¡Destructor, detente! —exclamó Blackbird.

—No dejaré que lo arruine todo… Este es mi país, mi proyecto. ¡Ustedes no tienen nada que hacer aquí! —les gritó de vuelta, mientras seguía tomando del cuello a Herbert Talbot.

—No puedes hacer justicia por ti solo. Ese hombre quedará bajo arresto y será juzgado —aseveró Lady Star.

—¿Y ustedes me van a impedir que lo haga? —dijo Destructor, desafiante, cegado por la ira.

—¿No ves que si lo matas transformarás tu liderazgo en miedo? La gente de Nuevo Edén te temerá, dejará de creer en ti… —trató de explicarle la defensora.

—Pues, si no hay otro camino…

En una fracción de segundo, Lady Star pensó y se dio cuenta de que no tenían muchas opciones. Conocían su carácter, y sabían que Destructor no cedería ni un centímetro. Observó su mente y vio que estaba absolutamente bloqueada por la rabia y la frustración: un leve movimiento y Destructor podía quitarle la vida. Así que tomó una decisión.
Transmitió su idea telepáticamente a sus compañeros y sin darle más vueltas se pusieron en acción al instante. Blackbird generó un potente rayo de energía en su mano y la lanzó contra Destructor, haciéndolo caer y dejando libre a Talbot. De inmediato, Lady Star voló para aprehender al asesino, mientras Megabot reforzaba el ataque con una ráfaga de metralla desde el cañón ubicado en su hombro.
Destructor quedó inmovilizado por unos instantes, recuperándose de los ataques. Los tres miembros de Defensores Unidos atraparon a Herbert Talbot y comenzaron su salida rumbo a las naves. Pero en cuanto dieron un paso fuera de la vivienda, se toparon con un nuevo obstáculo.

—¡Defensores Unidos! Esto no está en su jurisdicción —dijo Firice, mientras sus cuatro acompañantes movían la cabeza con gesto de aprobación—. Somos La Resiliencia, y en nombre de Nuevo Edén, ¡nos entregarán al asesino!


Continúa…

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* ver "Alianzas" #9



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10.6.20

Animal #16


“La Gran Biblioteca de Rinos”
Historia: Zirijo


I

—Esta es la “Gran Biblioteca de Rinos” —nos introducía Garras I a mí y a mis elegidos para esta campaña.

No puedo dejar la ciudad, sola, pero tampoco puedo aventurarme a dejarle esta difícil tarea a alguien más. El manuscrito está escrito en largos huesos tallados, en una lengua que según los registros de la Gran Biblioteca de Rinos, es atlante.

Ahí estamos, Kongo, B’Horn, T’jon, Garras I, y yo, el rey Animal. Admirando la gran cantidad de manuscritos que pueblan la construcción. Es una cueva, empotrada en uno de los muros más amplios de la ciudad de Agartha, pero por el interior, la iluminación es perfecta, la conservación es completa, y los bibliotecarios, los mejores. Una serie de animales moviéndose de aquí a allá, cargándoles, clasificándoles, ordenándoles, y leyéndoles. Simios, aves, insectos… todos consultando por conocimiento agarthiano.

—Aquí algunos de los sirvientes de palacio han encontrado información trascendental para su búsqueda rey Animal —dice Garras I nuevamente, luego de que ninguno de nosotros pudiera decir nada sobre lo maravilloso que era ese lugar.

—¿Por qué está todo tan desordenado? —pregunta T’jon—. Recuerdo haber venido un par de veces antes, y no es común tanto movimiento.

—Sí, lo que sucede, es que Drilón y sus tropas estuvieron aquí, y dejaron el sitio completamente…irreconocible —responde Garras I, tratando de encontrar un adjetivo capaz de describir la magnitud del desorden—. Hasta el momento no hemos descubierto que falte ningún documento.

—De hecho, tendría que mandar a los escribas de palacio para que registren el golpe de Drilón, y que no quede olvidado… —comento.

—No se preocupe rey Animal, los agarthianos gozamos de buena memoria. Nos gusta nuestra historia, y la tratamos de llevar siempre fresca en nuestra mente.

—Bien, a lo que venimos Consejero real —increpa Kongo, con impaciencia.

—Nuestros bibliotecarios han encontrado una antigua descripción, de lo que sería el continente submarino de la Atlántida señor —decía Garras I desplegando un mapa antiguo del fondo de lo que los humanos llaman “Océano Atlántico”, apuntando a diversas ciudades a lo largo de todo ese vasto océano.

—Es imposible. Tardaríamos meses en llegar hasta la superficie, y luego hundirnos en el mar —les digo mirando el mapa—. ¿No hay otra manera de subir a la Atlántida?

—¿Subir? —pregunta Serani, entrando abruptamente al lugar, interrumpiendo nuestra discusión—. La Atlántida es un cuento de niños… una fantasía inventada para entretenerlos antes de dormir… es una locura.

II

—Serani, amor, ¿Qué haces aquí? —le pregunto a mi prometida, hermana de Garras I, una tigresa con mirada intensa y decidida.

—Nadie quiso decirme dónde estabas, así es que tuve que buscar a mi hermano… ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tanto misterio conmigo?

—No es solo contigo… estamos preparando una excursión secreta al reino hundido de la Atlántida para poder descifrar estos pergaminos.

—Estamos organizando nuestra boda… ¿Es tan importante? —pregunta con una mirada llena de duda, sorpresa, pero por sobre todo, tristeza.

—Si… Drilón quería usar estas clavículas para algo grande… las quería usar como un arma. Si logramos traducirlas y descubrir lo que dicen, habremos derrotado completamente a Drilón —le respondo junto con caricias, que responde con tiernos movimientos de su cuello.

—¿Pero subir? ¿Llegar a la Atlántida? ¿Estás seguro de esto, Animal? —me pregunta Kongo, que sigue con sus dudas al respecto.

—Subir es tan posible como bajar hasta acá. Yo lo logré… ustedes también pueden. La Atlántida existe… tanto como ustedes y yo. He visto a sus reyes, he visto a los humanos hablar de ella, y vamos a llegar hasta ella.

—Señor Animal, hay otro mapa que tiene que ver… es el de la ciudadela y el reino —indica Garras I, luego de mis palabras. Sus rostros se ven anonadados. Es como si les hablara de fantasmas y fantasía.

Junto con unas señas, Garras I desenfundó una mapa inmenso. En él estaba representada la ciudad principal de Agartha, los pasillos y túneles, las regiones provinciales, y por supuesto, la Zona Oscura. Además, había otro plano bajo de este, adjunto, casi pegado con el tiempo.

—¿De qué es el otro mapa? —pregunto, notando que nadie más lo había visto.

Garras I lo despegó del mapa principal, y ahí estaba, un plano de pasadizos ocultos que daban con la superficie, en diferentes lugares del mundo.

—¿De dónde ha salido esto? —pregunto.

—No tengo idea señor —responde Garras I. Los demás también se ven sorprendidos, ya que se dan cuenta, que las grandes Puertas Olvidadas no son el único camino fuera de Agartha.

—Con esto podemos llegar hasta la ciudad hundida de la Atlántida.

III

Camino hacia el cubil real, Serani se acerca a mí, la escolta nos rodea. Todos los demás han regresado a sus labores, para pensar en la expedición de mañana.

—Animal, cariño ¿Estás seguro de esto? —me pregunta con preocupación.

—Si amor, no estoy loco… la Atlántida existe… y debemos descubrir los planes de Drilón.

—Si es así… entonces debes conocer lo que se habla de la Atlántida en Agartha —me dice, preparando sus ideas, para contarme un cuento de hadas—. Cuentan las historias, que en los tiempos antiguos, antes del “Alma Brillante”, un grupo de agarthianos se perdieron, y llegaron a una zona llena de agua. Estos agarthianos eran antiguos, y por eso podían vivir bajo el agua. Vivían felices, cultivando sus cosechas y viviendo al ritmo del mundo, pero llegaron de aguas remotas unos seres desconocidos. Los agarthianos los ayudaron a librar una guerra por sus ciudades, y ganaron. Estos eran los atlantes, poseedores de grande palacios submarinos y señores de grandes avances tecnológicos. Los atlantes y los agarthianos vivieron por siempre en paz y armonía, a pesar de sus diferencias… —relata Serani. Ya habíamos llegado al cubil cuando terminó su historia.

—¿Qué tiene que ver eso con mi búsqueda, Serani? —pregunto luego de pensar un poco en lo que me había dicho.

—Si tu historia de la Atlántida es cierta, entonces hay agarthianos allá afuera Animal, gente de nuestra gente viviendo en los dominios del agua. Hay agarthianos que tienen derecho de conocer a su nuevo rey.

—¿Estás segura? —le pregunto, mirándola a sus hermosos ojos.

—Si… esa historia está pensada para enseñar sobre respeto y ayuda a los otros… pero si la Atlántida existe, entonces esos agarthianos también deben existir, separados de nosotros desde tiempos fantásticos.

—Entonces los traeré de vuelta con su gente Serani… iré hasta allá para conocer a los hermanos agarthianos de las colonias del océano.

—¿Ya decidiste como llegarán hasta allá? —me pregunta luego de llegar a nuestra alcoba, y tomar un trozo de carne de las bandejas preparadas para nosotros.

—Mañana nos reuniremos con una ingeniera anfibia, que conoce Garras I. Nos ayudará a resolver algunos problemas que hemos detectando en nuestra misión —le respondo sin quitarle los ojos de encima, y ella respondiendo cómplice de mi mirada—. Ahora, ven acá y cierra esa puerta… no quiero que Cascabel nos escuche.

IV

—¿Este es el túnel? —pregunto a Kongo, sosteniendo el mapa oculto que encontramos en la Gran Biblioteca de Rinos—. Pero… ¿Qué es eso?

Kongo apunta hacia una extraña formación de agua, que se vuelve sobre sí misma. Todos la miramos sorprendidos. Estamos en un extraño lugar.

—¿Cree, señor, que deberíamos estar tan lejos de la ciudadela principal? —pregunta B’horn, un poco asustado. No había estado tan lejos de las provincias nunca antes.

—E iremos más lejos aún con este viaje —le respondo—. ¿Es ella la ingeniera que prometiste, Garras I?

—Si señor… permítame que se la presente —responde él, pero es interrumpido por la nerviosa chica.

—Soy Ra’na, vengo del “Pantano”, y estoy aquí bajo sus órdenes y para su servicio —se presenta la chica anfibia. Un pálido verde corola su piel, y viste no muy formal.

—Gracias Ra’na. Es por eso que estás acá. Hemos detectado algunos inconvenientes para el viaje… como por ejemplo, la respiración… no todos pueden respirar bajo el agua… así es que necesitamos equipamiento para eso, ya que pasaremos mucho tiempo bajo el agua —le comento, sintiendo que debe sonar disparatado para un agarthiano hablar de tanta cantidad de agua—. Y también he pensado sobre…

—Rey, no tiene nada de qué preocuparse. Mientras venía hacia acá, he preparado un dispositivo que imita a los peces y su forma de respirar —me interrumpe mostrándome un aparato que se encuentra en su mano—. Además, creo que el agua es sumamente pesada bajo el océano, así es que he diseñado dispositivos especiales, provistos de aire suficiente para recorrer las millas suficientes.

—¿Y crees que funcione? —miro a su lado y veo que viene preparada.

—Me tomé la libertad de adelantar el trabajo. La carta del señor Garras I me hizo pensar en todo lo que necesitaríamos, y en el camino vine fabricando un prototipo de las cápsulas que nos pueden llevar a través de ese remolino inverso… —responde. El aparato es inmenso. Un par de topos tuvieron que traerlo hasta acá, solo para una demostración.

—¿Remolino inverso? —pregunta Kongo, atento a la conversación, y mirando el remolino que bloquea el paso.

Jamás en la superficie había visto al agua comportarse así. Era como una cascada, pero que funcionaba de forma inversa… corría hacia el interior de la caverna, alimentándose de sí misma, como un tapón que impedía que avanzara el agua.

—Sí… es algo complicado de explicar… pero pasa cuando se funden las densidades y presiones del agua y lo que nos mantiene pegados al piso —responde casi sin mirar Ra’na, mostrando lo que parece un barril de grandes proporciones—. Está cubierto con agarthita para aguantar el peso del agua, y puede almacenar bastante aire, hasta tener que usar los “respirapeces”… como llamé a los dispositivos para respirar bajo el agua.

—No lo sé, Animal… Drilón y su gente era una cosa… pero ¿alejarnos de Agartha? —dice franco B’horn—. Esta zona es peligrosa… no me agrada estar acá.

—No hay nada que temer B’horn, crucé kilómetros de estos mismos caminos cuando bajé hasta acá… no hay nada que pueda…..

Un sonido, y una vibración me detienen de seguir hablando. Toco el muro, y tiembla. Los topos están inquietos, huelen el suelo, saborean la tierra. Los demás ya se han dado cuenta cuando trato de calmarlos.

—Bien… acérquense al muro… pasará… —alcanzo a decir, cuando el techo comienza a caerse a pedazos.

¿Un terremoto? Nunca antes había sentido algo así, a esta profundidad. Era como si justo arriba algo estuviera agregando peso al techo, algo moviera la tierra, y la hiciera más pesada, al punto de que la estructura no resista.

—No podemos irnos… esta es la única salida cercana a dónde quiere ir su majestad —dice Ra’na sosteniendo el mapa, que leía desde que hablaba con B’horn.

—Todos, ¡a la cápsula! —ordeno.

V

El techo sigue perdiendo material, y la entrada a esta parte de los túneles está colapsando. Los topos comienzan a excavar, escapando de la avalancha de rocas... excavan por  un costado, y Garras I los sigue, ya que sé es el que más lejos del dispositivo estaba… topos… eso debe estar moviendo los túneles más arriba…

B’horn, Kongo y Ra’na ya están dentro, cuando cierran la tapa y los lanzo al agua. Un charco que se forma justo en frente del remolino inverso es impactado por una roca, y lanza a la cápsula hacia él. La fuerza del agua abolla la superficie del barril cubierto con agarthita, pero lo absorbe lo suficientemente rápido como para evadir la siguiente roca que cae. Solo queda un estrecho paso entre el remolino y yo… o la salida hacia Agartha. Mis amigos y fieles seguidores… o mi reino. No tendré otra oportunidad para descifrar estas clavículas.


Epílogo

La última roca cae sobre aquél túnel de Agartha. Garras I ve como se calma el polvo en frente de él. A su lado los topos que salvaron su vida, y otros topos que abren camino desde el techo. Una manada gigantesca, capaz de desestabilizar los caminos que unen al reino de Agartha. Pero se encuentra solo. La ingeniera, los soldados, su rey, han desaparecido de su vista.


Continuará…


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